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Capítulo 52:
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Con un sutil cambio de actitud, Darren retiró su aura opresiva y se acercó a Lillian. Habló en un tono distante: «Vamos. Te acompañaré al siguiente lugar de pruebas».
Manteniendo el ritmo a su lado, Lillian avanzaba con pasos firmes y sin prisas. Allí donde la habían dejado atrás, Olivia permanecía clavada en el sitio, con el color de su rostro desvanecido por la conmoción. «¿Podría ser esto, de alguna manera, culpa del príncipe Nikolas?», murmuró.
Una voz desconcertada se alzó entre la multitud, cortando los murmullos. «¿Nikolas? ¿Qué tiene que ver él con Lillian?»
Luchando por recuperarse, Jaycob ayudó a Waylon a ponerse en pie, solo para sentir cómo las piernas del hombre temblaban bajo su peso. Incluso ahora, la presión persistente del poder de Darren lo atormentaba. Aquella carga asfixiante le había hecho sentir como si pudiera ser aplastado fácilmente.
Con una mirada sutil pero deliberada, Justine impidió que Olivia dijera una palabra más. Fingiendo indiferencia, soltó una risa desdeñosa. «No es nada. Lillian simplemente ha tenido suerte, eso es todo. Esa es la única razón por la que hoy va pavoneándose como si fuera la dueña del lugar».
«No hay forma de que pase la segunda ronda, ¿verdad, Justine?», preguntó Olivia.
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Por un breve instante, Justine vaciló. Tras una pausa, asintió en silencio. «Cierto».
Sin embargo, a pesar de su respuesta, la duda se apoderó de ella. Había algo en Lillian que ahora parecía diferente.
La segunda ronda de la evaluación, que se avecinaba, se centraba en valorar el talento innato y la verdadera capacidad.
Tendría lugar en el gran salón de la Academia Vornia, una sala imponente en la que se respiraba una atmósfera casi sagrada.
En el centro mismo del salón había un pentagrama cuidadosamente grabado, con cada una de sus cinco puntas anclada por una Piedra Sagrada resplandeciente. Según la leyenda, estas piedras habían sido desenterradas de las antiguas raíces de Yggdrasil, y cada una de ellas era capaz de sondear los dones innatos de una mujer y revelar el verdadero alcance de su poder futuro.
Todas las candidatas que aspiraran a ingresar en la academia debían superar esta prueba inicial. Mientras que el examen escrito anterior ponía a prueba el intelecto y el razonamiento, esta ronda pondría al descubierto su destino.
Antes de llegar, Lillian había estudiado a fondo el proceso, pero aún le quedaban algunas dudas en la mente. Inclinando la cabeza, miró a Darren y le preguntó en voz baja: «Bueno… ¿cuántos años tienes, en realidad? He oído decir que llevas más de mil años vivo».
La luz del sol se colaba por los altos ventanales en el ángulo perfecto, y una suave brisa se deslizaba por el vestíbulo y le movía la capucha a Darren. La tela se desplazó, dejando al descubierto su rostro por un instante fugaz: afilado, impecable, casi irreal en su simetría. Lillian pestañeó, y un atisbo de asombro se coló en su expresión.
Durante una fracción de segundo, le pareció haber contemplado algo divino, una creación imposiblemente perfecta esculpida por las manos de un dios.
Darren no mostró ninguna reacción, y su tono se mantuvo impasible. «Esa es la edad que figura en los registros».
Inclinando la cabeza, Lillian insistió: «¿Y la verdad?».
Con un encogimiento de hombros casi desdeñoso, Darren respondió: «Dejé de contar hace mucho tiempo».
Durante un instante, la sorpresa se reflejó en el rostro de Lillian antes de que se recuperara, bajando ligeramente la voz. «Entonces dime esto: ¿alguna vez has conocido a una mujer que no pudiera subir de nivel mediante núcleos de bestia?»
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