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Capítulo 497:
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Nikolas tampoco sabía la respuesta, aunque ya tenía algunas sospechas.
«Hablaremos de eso más tarde». Rozó sus labios contra los de ella mientras hablaba con voz grave y ronca. «Ahora mismo, solo tienes dos opciones. Dejarme en el océano y verme morir… o ayudarme».
¿Ayudarle?
Lillian se quedó paralizada. Podía sentir claramente aquellas dos cosas presionándole con fuerza contra la pierna, y todo su cuerpo empezó a temblar. «Yo…»
«Si estás a punto de decirme que busque a otra mujer…» Nikolas se incorporó, con el orgullo obstinado reflejado en todo su rostro. «Entonces no digas ni una palabra más. No quiero oír nada que solo sirva para enfadarme».
«¿Qué quieres exactamente que haga?». Lillian le agarró la muñeca, y la poca resistencia que le quedaba empezó a desvanecerse. Incluso durante ese breve intercambio, ya podía sentir el calor aterrador que emanaba de su cuerpo, como si su sangre ardiera bajo la piel.
Nikolas la miró fijamente en silencio. Unos segundos después, de repente se agachó, la levantó en brazos y saltó directamente al océano.
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En el instante en que Lillian entró en el agua, contuvo el aliento instintivamente. Pero cuando las escamas de su cuello comenzaron a brillar tenuemente, se dio cuenta de que aún podía respirar bajo el agua.
Bajo el mar, la cola plateada de Nikolas se extendía a sus espaldas, y sus escamas desprendían un suave resplandor. Mantuvo un brazo envuelto alrededor de su cintura mientras se deslizaba por el agua como un rayo plateado que atravesaba la oscuridad.
Lillian nunca había visto nada tan impresionante.
La luz de la luna se filtraba desde la superficie, atravesando el agua del mar en pálidas ondas de luz centelleante. Más abajo, medusas luminosas flotaban a la deriva en la oscuridad, con sus cuerpos translúcidos pulsando suavemente. Bancos de peces nadaban alrededor de Lillian, y sus escamas plateadas se esparcían como polvo de estrellas flotante bajo el resplandor de Nikolas. Miles de ellos se movían al unísono antes de dispersarse como polvo arrastrado por el viento.
Lillian extendió lentamente la mano. Sus dedos rozaron a los peces mientras estos se deslizaban suavemente entre ellos.
Nikolas no aminoró el ritmo en ningún momento. La llevó a través de los bancos de peces resplandecientes, más allá de las medusas a la deriva y por encima de arrecifes de coral que brillaban con una luz extraña.
Entonces, Lillian vio algo enorme en la distancia. Se parecía a una ballena, pero su tamaño superaba todo lo que jamás había imaginado.
Su enorme lomo emergió lentamente de la oscuridad lejana como una montaña en movimiento bajo el mar. Al pasar por debajo de ellos, Lillian miró hacia abajo, asombrada, contemplando los patrones luminosos que se extendían por su colosal cuerpo.
Cuando Nikolas nadó junto a la criatura gigante, sus enormes ojos se volvieron lentamente hacia Lillian. Aquella visión la dejó completamente atónita.
Por fin, Nikolas cambió de dirección y se dirigió hacia una cordillera submarina. Nadó a través de una estrecha abertura oculta entre las rocas antes de emerger en el interior de una enorme caverna submarina.
Llevó a Lillian hasta la orilla de aquel lugar.
El techo de la caverna se elevaba muy por encima de sus cabezas, mientras que las gemas brillantes incrustadas en las paredes iluminaban todo el espacio con una luz cálida. Cerca del borde del agua descansaba una concha marina gigante abierta, forrada con cojines gruesos y mullidos.
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