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Capítulo 401:
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Lillian dijo: «He oído rumores de que existe otro mundo en algún lugar entre las ramas o las raíces de Yggdrasil. ¿Hay algo de verdad en eso?».
«¿De verdad te interesan esas historias?», preguntó Nikolas, arqueando ligeramente una ceja. «Hay registros que mencionan algo así, pero nadie puede confirmar si es cierto. Hace mucho tiempo, al parecer, un caza estelar se estrelló en lo más profundo de Yggdrasil, y el piloto informó de que había visto otro mundo oculto más allá».
Una silenciosa chispa de expectación brilló en los ojos de Lillian mientras decía: «Entonces, ¿puedes llevarme a ver las grietas que hay allí?».
Nikolas frunció ligeramente el ceño. «¿Qué piensas hacer exactamente?».
«Nada». Lillian se recostó en su asiento, con un tono deliberadamente desenfadado. «Solo quiero echar un vistazo».
La sospecha persistía en la aguda mirada de Nikolas mientras la estudiaba durante varios largos segundos. Al final, sin embargo, cedió con un suspiro sordo. «De acuerdo».
La energía volvió a recorrer la nave con fuerza. En el instante en que se activó el motor warp, las estrellas más allá de la ventanilla panorámica se estiraron en innumerables líneas plateadas, surcando la oscuridad como ríos de luz.
Aproximadamente diez minutos después, la nave salió del warp. Se reveló una escena abrumadoramente magnífica.
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Las «raíces» de Yggdrasil se revelaron por fin.
No se parecían en absoluto a unas raíces normales. Gigantescas zarcillos dorados, cada uno de cientos de metros de grosor, se retorcían a través de la interminable oscuridad del espacio como arterias vivas que brillaban bajo una piel translúcida.
Por sus superficies se extendían motivos de aspecto antiguo, parecidos a runas misteriosas o a las venas palpitantes de alguna bestia cósmica. Suaves corrientes de luz fluían a través de cada línea y surco, haciendo que toda la estructura pareciera viva, como si respirara en el silencio del universo.
Innumerables grietas espaciales flotaban entre los zarcillos enredados. Algunas no eran más anchas que un cabello, mientras que otras se abrían como enormes cañones que se extendían a través del vacío. Una violenta electricidad azul-blanca crepitaba salvajemente a lo largo de sus bordes, destellando como tormentas atrapadas en el espacio helado.
—Estás viendo los canales internos de las raíces de Yggdrasil —dijo Nikolas con un tono inusualmente serio—. Esas grietas dispersas alrededor de las raíces conducen todas a diferentes puntos del espacio, pero nadie ha descubierto nunca cómo controlar dónde te escupirán.
Con la mirada fija en las grietas, Lillian sintió que su corazón se aceleraba poco a poco.
Si dirigía la nave directamente hacia una de esas grietas, existía la posibilidad de que pudiera regresar a su mundo original.
Ese mundo estaba lleno de rascacielos modernos y calles bulliciosas. Allí estaban su familia y sus amigos.
Tras un breve silencio, bajó la voz y preguntó en voz baja: «Si esta nave resultara destruida, ¿aún podrías escapar?».
Los labios de Nikolas esbozaron una leve sonrisa. «Por supuesto. Un caza estelar de este nivel viene equipado con una cápsula de escape oculta justo debajo de los asientos de los pilotos».
Con firme precisión, guió la nave para acercarla a una de las raíces laterales de Yggdrasil. Cuanto más se acercaban, más nítida se hacía la enorme zarcilla, y sus patrones sinuosos y líneas brillantes se hacían claramente visibles.
Las yemas de los dedos de Lillian rozaron ligeramente los mandos del copiloto.
«Acércate un poco más», murmuró en voz baja.
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