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Capítulo 279:
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Con mesurada compostura, Emilia volvió a tomar la palabra. «Antes de matricularse en la Academia Vornia, Lillian se mantenía en el nivel F. Solo bajo la instrucción del profesor Lloyd avanzó hasta el nivel D. No estoy diciendo que no pueda convertirse en la salvadora. Sin embargo, para cuando alguien de nivel D ascienda al nivel Triple S, los insectos ya habrán devorado nuestro mundo hace mucho tiempo».
Su razonamiento se cernió sobre la sala, dejando poco margen para la discusión.
Todos sabían lo brutal que era ascender de nivel. Podía pasar toda una vida sin ganar ni un solo nivel, y muchos nunca avanzaban en absoluto. Con el desastre ya acechando, nadie allí tenía la paciencia para apostar por una mujer de nivel D que fuera subiendo lentamente.
Lo que importaba aún más era la incertidumbre; no había ni una sola garantía de que Lillian pudiera llegar alguna vez al nivel Triple S. En toda la historia documentada, nadie lo había conseguido jamás.
Para estas élites curtidas, la promesa por sí sola no tenía ningún peso sin resultados tangibles.
A su alrededor, las miradas dirigidas hacia Lillian comenzaron a cambiar, y la duda se agudizó hasta convertirse en un desprecio inconfundible.
Rompiendo el silencio asfixiante, Lillian habló por fin, con voz firme pero afilada como una cuchilla. «Entonces dime, ¿dónde está mi madre? ¿Por qué no la recuerdo? ¿Qué le pasó realmente?».
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Sin el más mínimo atisbo de vacilación, Emilia respondió secamente: «Está muerta. Una mujer sin poderes que llevaba en su vientre a una niña con potencial de nivel Triple S habría quedado completamente agotada. Traerte a este mundo le costó todo lo que tenía».
Una leve vacilación se dibujó en su rostro antes de que volviera a hablar. «Te acogí por lástima. Esa es la única razón por la que oculté tus orígenes y te mantuve bajo mi techo. Pero te convertiste en un problema, una y otra vez, y acosabas a Justine. Por eso te expulsé de la familia».
Lillian la observó atentamente, mientras una silenciosa duda echaba raíces en su interior. Creía que Emilia ocultaba algo.
En el fondo, confiaba más en sus propios instintos que en las afirmaciones de cualquier otra persona. Fuera cual fuera la verdad, su madre no podía haber sido tan insignificante como la estaban pintando.
Debajo de la mesa, la mano de Darren se deslizó sobre el dorso de la de Lillian.
Sin girar la cabeza, mantuvo la mirada al frente, con el rostro sereno, pero aquel contacto silencioso decía más que las palabras. Estaba intentando consolarla.
Mordiéndose la lengua, Lillian decidió no decir nada más. No había venido aquí para defenderse. Todo lo que había hecho ese día tenía como objetivo que Justine se convirtiera en la salvadora.
Caius dirigió la mirada hacia Aurelia, en silencio mientras esperaba su veredicto.
Una decisión así acarreaba demasiadas consecuencias como para tomarla tan a la ligera.
Rompiendo el tenso silencio, Lyle dio un paso al frente y tomó la palabra. «La profecía menciona a la familia Clark, pero ¿qué pruebas tenemos de que Justine pueda realmente destruir a los insectos? Alcanzar el nivel S no es suficiente. Tiene que haber algo más… o quizá Lillian esté ocultando alguna habilidad especial».
Caius observó a las dos mujeres, y su expresión se endureció. «Lyle plantea un argumento válido. Ser la salvadora no es un título que se reclame; es una carga que hay que llevar. Si alguna de las dos cree de verdad que es capaz, que lo demuestre. Mostradnos exactamente qué es lo que os distingue».
En un instante, todas las miradas de la sala se fijaron en Lillian y Justine.
Desde el otro extremo de la sala, Lyle le dedicó a Lillian una sonrisa de ánimo, sin darse cuenta de que su apoyo bienintencionado solo le causaba problemas a ella.
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