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Capítulo 211:
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«Solo era un sueño, ¿por qué te comportas así? No te contuviste al golpearme».
El recuerdo volvió en cuanto lo dijo, y el rostro de Lillian se sonrojó sin previo aviso.
Solo entonces se dio cuenta de lo cerca que estaban. Yacía envuelta entre sus alas, con el cuerpo firmemente apretado contra el suyo.
Lillian empujó su hombro, intentando liberarse mientras ocultaba el torbellino de pensamientos que la invadían. «Déjame salir. Aquí dentro se respira mal».
El aroma de deseo que desprendía no pasó desapercibido para Erik y, en lugar de aflojar el abrazo, le habló con tono tranquilo. «Tu cuerpo solo está reaccionando al sueño. Es normal».
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Lillian lo miró de golpe, con la ira encendiéndose en su interior, y dijo: «No digas ni una palabra más».
Con una leve sonrisa, Erik finalmente replegó las alas y la dejó en el suelo.
Seguían sentados en el hueco del árbol, aunque la luz del día ya se había extendido por el exterior, anunciando el comienzo de una nueva mañana.
Lillian había recuperado más fuerzas de las que esperaba. Sin pensarlo, extendió la mano hacia su pecho y palpó el lugar donde había estado herido, solo para encontrar una piel lisa sin rastro alguno.
Sus dedos se demoraron allí mientras desviaba la mirada. «¿De verdad se ha curado gracias a mi sangre…? Ni siquiera ha quedado una marca».
La tranquilidad en la expresión de Erik se desvaneció en ese instante. Le agarró la mano y la sujetó con firmeza, y su tono se volvió serio. «Lily, no le des nunca tu sangre a nadie más, y tampoco le cuentes esto a nadie. Si se sabe, podrían matarte. ¿Me entiendes?»
Aquella advertencia le recordaba algo que ya había oído antes. Darren le había dicho lo mismo, cuando le advirtió que no revelara su capacidad para devolver la vida a aquella hoja marchita.
Lillian asintió levemente. «Lo entiendo».
Al darse la vuelta, su atención se centró en algo escondido en un rincón. Un tenue brillo le llamó la atención.
La curiosidad la llevó a acercarse cuando se dio cuenta de que estaba envuelto en la ropa rasgada de Erik. «¿De dónde ha salido esto?»
Erik miró hacia allí y respondió sin dudar: «Es el fruto de Yggdrasil. Ha estado aquí todo el tiempo. ¿No te habías dado cuenta cuando llegaste?».
Lillian negó con la cabeza, sin apartar la vista de él. «Cuando te arrastré hasta aquí, no vi nada parecido».
La mirada de Erik se demoró en ella antes de dar un golpecito al fruto de Yggdrasil con un dedo. «Probablemente estabas demasiado ocupada cuidando de mí como para fijarte en nada más», dijo. A continuación, añadió encogiéndose de hombros con indiferencia: «Ya que hemos sido nosotros quienes lo hemos encontrado, te lo puedes quedar».
Algo en la forma en que lo había manejado le llamó la atención. Junto con el fruto, había envuelto con cuidado las raíces e incluso la tierra dentro de su ropa rasgada.
Dejó pasar ese detalle sin preguntarle al respecto y, en su lugar, bajó la mirada hacia su comunicador dañado, pasando los dedos por él. «Espero que Samuel y los demás hayan salido bien parados».
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