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Capítulo 206:
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Obligándose a actuar, apretó los dientes y empujó con todas sus fuerzas, girándolo sobre un costado antes de incorporarse para comprobar su estado. La imagen que se encontró ante sus ojos la dejó paralizada. Tenía el pecho desgarrado, con una herida irregular de la que seguía brotando sangre.
Se había quedado pálido y su respiración era tan débil que apenas se notaba.
A Lillian se le trancó la mandíbula mientras arrancaba un trozo de tela de su propia ropa y lo presionaba con fuerza contra la herida. La sangre lo empapó en segundos; no conseguía detener la hemorragia.
Todo lo que sabía sobre cómo tratar lesiones no servía de nada allí.
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Sin suministros. Sin herramientas. Sin ayuda.
Con cada segundo que pasaba, la respiración de Erik se debilitaba aún más.
Las lágrimas llenaron los ojos de Lillian.
Presionó con más fuerza, empleando todas sus fuerzas, pero la sangre seguía escurriéndose entre sus dedos y resbalando cálida por su piel.
No servía de nada.
No había nada que pudiera hacer.
Esa realidad se abatió sobre ella.
Bajó la cabeza y las lágrimas cayeron por fin, posándose sobre el pálido rostro de Erik.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó con voz temblorosa—. Podrías haberte marchado. No paras de decir que quieres romper el vínculo, ¿verdad? Esto nunca fue más que un trato. Entonces, ¿por qué te metiste para salvarme?
Erik permaneció en silencio.
El viento barría la tierra árida, llevando consigo ese mismo olor a descomposición.
Mientras Lillian lloraba, algo bajo sus manos empezó a parecerle extraño.
Bajó la mirada.
La sangre seguía fluyendo de la herida, pero no tan rápido como antes.
Al principio, pensó que se lo había imaginado.
Pero al fijarse mejor, se dio cuenta de que la hemorragia realmente se había ralentizado.
Atónita, Lillian levantó las manos y las miró.
Las manos de Lillian estaban empapadas de sangre; la de Erik y la suya se mezclaban.
Las heridas de sus brazos, causadas por los insectos, seguían sangrando, y el flujo se fusionó hasta que ya no había forma de distinguir de quién era cada sangre.
Su sangre se deslizó entre sus dedos y cayó directamente sobre la herida del pecho de Erik.
Fijó la mirada en ella y contuvo la respiración.
En lo más profundo de la enorme abertura del pecho de Erik, algo comenzó a cambiar.
Una fuerza invisible pareció activar el músculo desgarrado, haciendo que se moviera y se volviera a unir lentamente.
Los vasos sanguíneos se volvieron a conectar y empezó a formarse tejido nuevo sobre la zona dañada.
El proceso era lento, pero no cabía duda: la herida se estaba curando.
Un ligero cambio se reflejó en los ojos de Lillian.
Su mente volvió a la cámara de simulación de Darren, recordando el momento en que tocó una hoja marchita y vio cómo recuperaba su vitalidad.
Se preguntó si tendría algo que ver con su condición física única.
No había tiempo para dudar. Lillian cogió una piedra afilada del suelo y se hizo un corte en el brazo sin contenerse.
Surgió sangre fresca. Levantó su brazo tembloroso por encima del pecho de Erik y dejó que las gotas cayeran una tras otra en su herida.
El efecto se hizo patente de inmediato.
El agujero en el pecho de Erik comenzó a reducirse ante sus ojos. Músculos nuevos cubrieron sus órganos y la piel se tensó hacia dentro desde los bordes.
Su respiración volvió poco a poco a un ritmo constante.
Lillian se negó a detenerse. Continuó hasta que el pecho de Erik volvió a parecer completamente intacto. La oscuridad seguía invadiendo su visión, pero ella la hizo a un lado.
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