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Capítulo 1056:
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«¡Yo no tengo nada que ver con esto!», exclamó Shirley antes incluso de poder pensar. «¡No tenía ni idea de que estuviera pasando nada de esto!».
Samuel retiró lentamente su cola de lobo, sin dejar traslucir nada en su rostro. «Entonces no hay motivo para huir. Si de verdad no tienes nada que ocultar, quédate. Esperaremos a que se recuperen las imágenes de las cámaras de vigilancia y dejaremos que las grabaciones demuestren que somos inocentes».
En un instante, a Shirley se le encogió el corazón.
Esta versión fría de Samuel no era en absoluto lo que ella quería. Desde luego, él nunca había mostrado ese tipo de moderación cuando estaba con Lillian.
«Samuel, mírame. Estoy herida. Mis compañeros de clase están paralizados en el suelo y ni siquiera pueden moverse. Lillian te apuntó con una espada y Nikolas te empujó contra una pared con su tridente». Un temblor se coló en su voz a pesar de su esfuerzo por mantenerla firme. «Nunca he sufrido este tipo de humillación en toda mi vida y, después de todo eso, ¿sigues aquí de pie interrogándome?».
Shirley perdió los estribos. «Si ni siquiera confías en mí, ¿por qué estoy perdiendo el tiempo aquí esperando a que se lleve a cabo una investigación?»
Estaba tan segura de que Samuel se pondría de su parte. Entre el vínculo que compartían y las poderosas fuerzas que la respaldaban, había dado por sentado que eso pesaría más que cualquier juicio imparcial. Se había equivocado.
Samuel no dijo nada, con la mirada fija en ella.
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Según toda lógica, su corazón debería permanecer impasible. Por mucho que Shirley se le acercara, él no sentía nada. Sin embargo, bastaba con que Lillian apareciera ante sus ojos para que su pulso se disparara al instante, latiendo con fuerza contra sus costillas.
Esa marcada diferencia hizo que su frustración se disparara junto con su confusión.
Cualquier amor que hubiera sentido alguna vez por Lillian debía de ser cosa del pasado. Podía repasar cada recuerdo que tenía de ella y no sentir absolutamente nada, pero su reacción física contaba una historia totalmente diferente.
Cada vez que la veía, su cuerpo parecía rebelarse contra todo lo que su mente aceptaba como un hecho. No le encontraba sentido.
Quizá algún instinto enterrado demasiado profundo como para que el suero lo borrara aún no le permitía hacerle daño. O tal vez había subestimado gravemente el control que el pacto de sangre ejercía sobre él.
La presión aplastante detrás de las costillas se había ido acumulando hasta que apenas podía soportarla. Un impulso violento lo invadió, un impulso de romper algo, lo que fuera, para aflojar el yugo que le oprimía el pecho.
—Nunca he dicho que pensara que estuvieras mintiendo —respondió Samuel al fin, sin un atisbo de calidez en la voz—. Espera a que termine la investigación. Si de verdad no tienes nada que ver con el asunto, no hay nada que temer.
La ira se agitó en el interior de Shirley, pero la inquietud que se escondía bajo ella se estaba volviendo imposible de ignorar. Agarró a Marcel y se dirigió furiosa hacia la salida, solo para detenerse en seco cuando Nikolas barrió con su tridente el umbral de la puerta, bloqueándoles la huida.
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