✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 97:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
«¿Qué pasa?», pregunta Shawn.
Elisia, Isabella y Sandra se dan la vuelta.
«¡Ha conseguido las prácticas!», exclama Isabella radiante.
«¡Eso es genial, Sia! ¡Enhorabuena!». Sergio se acerca y la abraza.
Shawn hace lo mismo, y luego todos se vuelven para mirarme.
¿Cómo saben que no estamos hablando?
Sus miradas me queman, dejando claro que no podré escapar de esto.
«Enhorabuena», suspiro.
Estoy orgulloso de ella. Lleva tiempo hablando de hacer prácticas, y aunque todavía es una novata, creo que esto es genial para ella.
Pero su enorme ego no le deja responder.
El silencio es ensordecedor.
Me burlo y vuelvo a mi oficina.
Las horas pasan mientras me ahogo en papeleo, enterrado bajo archivos e informes. Dos horas más tarde, finalmente decido volver a mi habitación.
Cuando entro, Elisia está sentada en su escritorio, escribiendo notas en su portátil. Lleva puestos sus AirPods, pero en cuanto me ve, cierra el portátil y se levanta.
Empieza a recoger sus cosas, y ya sé que está a punto de irse.
«¿Dónde estás haciendo las prácticas?», le pregunto.
No responde.
Joder, ya estoy harta.
Ella intenta alcanzar el pomo de la puerta, pero yo la agarro por la nuca, la doy la vuelta y la golpeo contra la pared, lo más lejos posible de la puerta.
Le rodeo el cuello con las manos mientras ella me mira con los ojos muy abiertos.
«¿Qué coño pasa?», espeta.
«Deja de ignorarme», le grito.
«No te ignoro». Ella me mira con esos ojos feroces, y aprieto mi agarre ligeramente.
«¿Ah, sí?», me burlo.
«Entonces dime una cosa que me hayas dicho en los últimos dos putos días, Elisia».
Silencio.
«No me gusta este jueguecito de silencio que estás jugando. Déjalo ya», digo con voz baja.
«No tenemos nada de qué hablar». Ella aprieta la mandíbula.
—¿De verdad?
—Sí —responde, pero hay vacilación en su voz.
Mi mano libre sube lentamente desde su muslo hasta su culo. La aprieto con fuerza y ella gime.
Joder.
Ese pequeño sonido me pone tan duro como una maldita roca.
—Déjame tocarte, Elisia —gimo, inclinándome y dándole un beso justo detrás de la oreja.
Su respiración se entrecorta y mi mano se desplaza hasta su cintura, tirando de ella para que se acerque a mí.
Ella jadea cuando siente mi polla presionando contra su estómago.
—¿Ves lo que me haces?
—Theo…
—Es un simple sí o no.
—Yo… sí.
Pero me echo hacia atrás y me dirijo hacia la cama.
El silencio persiste entre nosotros por un momento.
—Theo, he dicho que sí —dice ella finalmente.
«Has dudado. No voy a tocar a una mujer que no está segura de lo que quiere».
Es la verdad.
No quiero ponerle las manos encima a menos que esté completamente segura.
.
.
.