✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 103:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Prácticamente lo rechacé.
Estaba segura de que eso habría herido su ego, aunque esa nunca fue mi intención.
Simplemente no creo que debamos besarnos.
Me guste o no, él me está empezando a gustar.
Las cosas que me dice y hace me vuelven loca, me vuelven completamente loca.
La forma en que me llama con esos nombres tan dulces.
La forma en que me elogia.
La forma en que me llama preciosa.
Pero no puedo pensar con el corazón.
No con esto.
No está bien que me enamore de un hombre como él.
Amo demasiado.
Amo con demasiada intensidad.
Y tengo miedo de enamorarme de él.
Me aterra la idea de amarlo.
No creo que sea capaz de manejar su amor.
Tengo miedo de que de alguna manera lo arruine todo.
Porque al final, sé que me hará daño.
«¿Sacarla de la cama?», dice Isabella como si fuera obvio, sacándome de mis pensamientos.
«Ya lo veo», responde Theo sin rodeos.
«Entonces, ¿por qué lo preguntas?», interviene Sandra.
«Porque puede dormir más si quiere», suspira Theo, dejándose caer en el sofá.
«Si quiere».
Joder.
—Cállate, no lo entiendes —gruñe Isabella, y Theo arquea una ceja.
—¿Entender qué?
—Olvídalo —murmura Isabella, mientras continúa arrastrándome hacia el baño.
—Jesús —oigo susurrar a Theo antes de que gire la cabeza hacia atrás y cierre los ojos.
Parece exhausto.
Él es el que necesita dormir, no yo.
Suspiro cuando cierran la puerta detrás de mí.
—A la ducha —ordena Sandra.
—Estoy demasiado cansado. Me duele todo —me quejo, pero me responden con una mirada fulminante.
—¡Joder, vale! Pero vete para que pueda ducharme.
—Vale, estaremos abajo. Más te vale estar allí en treinta minutos —me advierte Isabella, mirándome con gesto admonitorio.
—O volveremos aquí arriba para sacarte a rastras otra vez —añade Sandra.
Les hago un gesto de adiós con el dedo mientras salen.
Ahora mismo las odio de verdad.
Me quito el camisón y entro en la ducha.
El agua caliente alivia mis músculos tensos y gimo internamente de alivio.
Vale.
Quizá ya no las odio.
Qué gusto me da.
Busco el champú, pero veo que está vacío.
Qué putada.
Mis ojos se posan en el champú de Theo que está al otro lado de la ducha.
Me quedo allí de pie durante cinco minutos, debatiéndome.
Debería preguntar, ¿verdad?
No.
.
.
.