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Capítulo 686:
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Bethany corrió de vuelta a la sala, cronometrando perfectamente su llegada. Faltaban exactamente diez minutos. Abrió la puerta de un empujón, aliviada al comprobar que Jonathan había cumplido su promesa y no la había cerrado por dentro.
Jonathan salió del baño, empapado, dejando charcos de agua en el suelo.
Bethany sabía que probablemente él no quería hablar ahora. Sin esperar a que él dijera nada, se dirigió rápidamente al armario y cogió ropa limpia. Empezó a desvestirlo, quitándole con cuidado cada prenda empapada.
Jonathan permaneció en silencio, como una marioneta, permitiendo que ella lo cambiara por ropa seca. Una vez hecho todo, Bethany estaba exhausta, al borde del colapso.
Rodeándole la cintura con los brazos, le dijo suavemente: «Túmbate un rato en la cama, ¿vale?».
«¿No vas a preguntar?»
Bethany apoyó la mejilla en su pecho y dijo: «No preguntaré. Sea lo que sea lo que has descubierto, no necesito saberlo. Sólo dime si te duele algo y te ayudaré a aplicarte alguna medicina, ¿vale?».
Jonathan negó con la cabeza, apretando su mano firmemente contra su corazón. «Me duele el corazón».
«Entonces… ¿deberíamos llamar a Samira para que eche un vistazo?»
«Sólo tú puedes salvarme».
A Bethany le sorprendieron sus palabras.
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Sintió que ella podría ser la razón del extraño comportamiento de Jonathan, pero no quiso preguntar.
Cuando sólo le quedaban unos días para cumplir su acuerdo de un mes con Godfrey, quería centrarse en aprovechar al máximo el tiempo que le quedaba con Jonathan. No le interesaba hablar del futuro ni abrir nuevas heridas.
Con cuidado, le guió de vuelta a la cama, le cubrió con una gruesa manta y le abrazó para darle calor.
«Duerme un rato, ¿vale?», dijo suavemente.
Bethany ya no insistió en aplicarle la medicina; sólo quería que descansara.
No estaba claro exactamente cuándo había salido Jonathan aquella mañana temprano, pero una cosa era cierta: estaba claro que se había encontrado con algo problemático.
La mano de Jonathan la rodeó por la cintura y la estrechó entre sus brazos.
«Si me duermo, ¿te irás?»
«No me iré», le aseguró Bethany. «Me quedaré aquí contigo».
«¿Y después?»
Bethany apenas movió los labios y bajó los ojos, preocupada. «Jonathan, tienes que descansar. Nola y Rowan siguen en Wesden. Si te pones enfermo, se quedarán sin su padre».
Nola y Rowan…
Sí. Tuvieron dos hijos juntos.
Su conexión era profunda. No sería tan fácil poner fin a las cosas.
«Bethany, no me dejes sola.»
«No lo haré», respondió Bethany. Retiró una mano y le acarició suavemente el pelo. «Duerme ahora. Te prometo que cuando despiertes, seguiré aquí».
Los ojos oscuros de Jonathan estaban apagados, carentes de su brillo habitual. Miró a Bethany y giró la cabeza para besarla. Bethany no se apartó. En lugar de eso, inclinó la cabeza para recibir su beso. No importaba lo intenso o caótico que fuera, ella lo aceptaba.
El cuerpo de Jonathan, helado por el agua fría, temblaba involuntariamente. Bethany se quitó la ropa para calentarlo con su cuerpo.
Cuando el beso terminó, y ella anticipó que él podría llevar las cosas más lejos, él simplemente jadeó y no hizo nada más.
«Jonathan, tú…»
«Me voy a dormir.»
A Bethany le sorprendieron sus palabras.
Cerró los ojos es, aunque aún le temblaban las pestañas. Bethany alargó la mano para tocarle la cara, pero él le agarró la muñeca con firmeza.
«Lo siento.»
Bethany se quedó perpleja.
«Lo siento, Bethany», repitió.
Había esperado ser su salvación, sacarla de la oscuridad. Pero ahora, se sentía como si se hubiera convertido en la fuente misma de todo su sufrimiento.
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