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Capítulo 457:
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Bethany se encontró abandonada a las puertas del hospital. Observó impotente cómo se cerraban las puertas. Detestaba su impotencia en aquel terrible momento. Tenía la sensación de que, en su relación con Jonathan, siempre era ella la que se quedaba esperando entre bastidores, mientras Jonathan tomaba las riendas y la protegía a toda costa.
A medida que anochecía, el cielo se oscurecía como un viejo moratón. El viento nocturno aullaba con más fuerza, arrastrando el olor a tierra que hacía presagiar una tormenta inminente. Muy pronto, el trueno gruñó como una bestia que despierta de su letargo.
Bethany miró las puertas selladas, sintiendo como si hubiera un abismo infranqueable que la separaba del interior. Los de dentro no podían salir, y los de fuera, como ella, no podían entrar.
La lluvia y el viento frío cayeron de repente, borrando la sangre de su piel y empapando sus endebles ropas. Sin embargo, Bethany no se movió. Hizo acopio de toda su voluntad para acercarse a la puerta. Era lo más cerca que podía estar de Jonathan.
Perdió la noción del tiempo y de la lluvia, pero finalmente, Bethany sintió que el aguacero cesaba sobre ella. Levantó la cabeza lentamente y vio a Jayson a su lado, protegiéndola con un enorme paraguas negro.
«Bethany, vámonos», me instó.
«No», graznó, con voz apenas audible.
Jayson se agachó y le limpió suavemente la lluvia de la cara con la manga. «¿No lo entiendes? Mientras tú y Jonathan estéis juntos, seguiréis haciéndoos daño. Sin él, tu vida podría ser aburrida, pero sería segura. Y sin ti, él seguiría siendo el orgulloso e intocable director general».
Cada palabra de Jayson se grababa en el corazón de Bethany. De pronto, se apretó el pecho con agonía, como si una pesada piedra se lo oprimiera, dificultándole la respiración. Las lágrimas corrían por su rostro sin control.
«Nunca quise hacerle daño». Prefería ser ella la que tuviera la vida pendiente de un hilo en ese momento.
«Sí, lo sé. Incluso los padres de Jonathan lo entienden. Pero a pesar de las acciones de Maddie, la familia Bates aún no te ha abrazado».
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A Jayson no podía importarle menos el destino de Maddie. Su único objetivo era convencer a Bethany de que se marchara y dejara de castigarse.
«Jayson, déjame quedarme aquí y esperarlo. Me iré cuando sepa que está a salvo».
Bethany estaba completamente agotada, tanto en cuerpo como en espíritu. Sólo la esperanza de ver a Jonathan la mantenía en pie.
Jayson, que sostenía el paraguas sobre ella, alargó la mano para levantarla. Pero en cuanto su mano tocó la piel de Bethany, retrocedió ante su calor abrasador.
«¡Tienes fiebre! ¡Bethany, vuelve conmigo!» Acababa de ser operada, con el cuerpo lleno de heridas. Ahora, empapada por la lluvia durante tanto tiempo, era un milagro que no se hubiera desmayado ya.
«No, no me voy». El rostro de Bethany estaba fantasmagóricamente pálido, su voz temblorosa, pero la palabra «no» era cristalina. «Aún no se ha despertado. Necesito estar con él».
Jayson estaba frenético. «¡Bethany! ¿Intentas hacerte daño? Si no te preocupas por ti, al menos piensa en tus hijos. Nola y Rowan te necesitan. También son los hijos de Jonathan».
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