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Capítulo 1570:
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Mia sintió una sacudida interior de sorpresa.
Mierda.
Se había olvidado por completo de las extraordinarias capacidades de Rowland.
No se trataba sólo de forzar cerraduras; dale un ordenador y podría abrir una fortaleza digital con facilidad.
«Rowland, tú…»
Las palabras se le atascaron en la garganta. Se quedó con la mirada perdida, totalmente sorprendida por la inesperada aparición de Rowland.
Afuera había empezado a caer una ligera llovizna que empañaba su figura. Su traje negro estaba medio empapado, una venda fresca adornaba su frente y sujetaba un ordenador portátil recién comprado, con un aspecto decididamente desaliñado. Parecía que se había marchado antes para adquirir este aparato.
«Mia, dijiste que era demasiado tenso y que no te gustaba. Entonces, ¿se parece este acto mío al de Calvin?», preguntó.
Rowland no se había quedado de brazos cruzados.
Aunque no podía penetrar del todo en los pensamientos de Mia, entendió bastante bien su significado literal.
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Como ella pensaba que era demasiado racional, decidió hacer algo totalmente irracional.
Mia lo miró, preguntándose si su enfermedad le estaba causando alucinaciones.
Tras una larga pausa, preguntó: «¿Por qué demonios querrías aprender de Calvin?».
«¿No nos comparabas? Dijiste que mi forma de hacer las cosas no podía compararse con la suya».
Rowland le había dicho que podía cambiar; sólo necesitaba tiempo.
Antes de que Mia pudiera reunir una respuesta, un leve crujido se filtró por las paredes desde la habitación de Calvin.
¿Estaba Calvin a punto de salir?
Sin perder un segundo, agarró a Rowland por el brazo y lo arrastró hasta su habitación. Pegó la oreja a la puerta y se esforzó por captar cualquier sonido del pasillo.
Detrás de ella, Rowland frunció las cejas. «¿Piensas decir que sí a ser la novia de Calvin?».
Se giró, con la mirada aguda. «¿Qué clase de pregunta ridícula es esa?»
«Entonces, ¿por qué tienes miedo de que se entere de que he entrado?».
Él observó su rápido intento de esconderlo, sintiendo su ansiedad por ser descubierta.
«Por favor. Esto es allanamiento de morada. Prácticamente estás pidiendo un billete de primera clase a la cárcel».
«Si no quieres que me pillen, dile a la policía que me has dejado entrar».
Mia parpadeó, sorprendida. «Claro…»
Rowland se inclinó más cerca con una sonrisa. «No quieres que me pillen, ¿verdad?».
«Yo no he dicho eso».
«Mia…»
«Vete, necesito dormir».
Para encontrar su mirada, Rowland se inclinó ligeramente. «Está diluviando ahí fuera. ¿Dónde esperas que vaya?»
Las palabras, unidas a su fingida impotencia, casi le arrancan una carcajada.
«¿En serio estás jugando la carta de los sin techo? ¿Tengo que escribirte la dirección de la empresa de tu padre?».
Aquel rascacielos pertenecía a su familia y, sin embargo, allí estaba él, actuando como si no tuviera dónde apoyar la cabeza.
«No voy a ir allí. Si me echas, esperaré bajo la lluvia».
Los ojos de Mia se abrieron de par en par con incredulidad. «¿De verdad me estás amenazando ahora mismo?».
«¿Amenazar? En absoluto. Dime, si fuera Calvin, ¿no haría lo mismo?».
Rowland sonrió, como esperando un elogio.
Abrió la boca, pero las palabras parecieron desvanecerse en algún lugar entre su garganta y sus labios.
Aquello era inquietante.
Rowland estaba actuando de forma decididamente extraña.
«Mia, tengo frío», dijo, señalando su ropa empapada y su vendaje.
«Hasta mi venda está mojada».
«Te lo mereces», replicó ella, sin dejar de moverse para recuperar su botiquín de la habitación.
Rowland pareció entender lo que quería decir.
Tras un par de toses deliberadas, preguntó con cuidado: «¿Puedo usar tu baño?».
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