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Capítulo 1440:
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La bebé extendió su pequeña mano, haciendo suaves gestos en el aire antes de soltar un bostezo.
«¿Ya tienes sueño? Habla un poco con papá antes de dormir», arrulló Jonathan.
Aunque a Bethany la escena le pareció conmovedora, no pudo evitar una risita. «¿De verdad crees que lo entiende?».
«Eso no es lo que importa. Recordará mi voz y me querrá más si la oye todos los días».
La convicción en la voz de Jonathan revelaba lo mucho que esto significaba para él.
Sintiendo la tensión de su difícil comunicación, Bethany suspiró y fue a refrescarse al baño. Jonathan se adelantó para calmarla.
«Te has vuelto muy hábil sujetándola con una mano», comentó.
«Aprendo rápido». El orgullo iluminó sus apuestos rasgos. «Ahora puedo sostenerla, hacerla eructar y acunarla con facilidad».
Su actitud protectora llegaba tan lejos que dudaba en dejar a su hija con la niñera. Si no fuera porque le preocupaba tener aparatos electrónicos cerca del bebé, habría trasladado su portátil para trabajar junto a ella.
Bethany se estremeció cuando le palpitó la zona de la incisión, obligándola a moverse con cautela.
Jonathan estaba cerca, preparado para cogerla en cualquier momento. «Tómate tu tiempo», le instó.
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«Estoy bien. El dolor no es tan intenso como imaginas». Mientras humedecía una toallita con agua tibia en el cuarto de baño, un pensamiento cristalizó en su mente. «Jonathan, hay algo que me gustaría discutir».
«Sea lo que sea, estoy a bordo».
Ella osciló entre la diversión y la exasperación.
«Ni siquiera has oído lo que quiero decir».
«No importa. Apoyaré tu decisión».
Tras un momento de vacilación, Bethany dijo: «Quiero contratar a una asesora de lactancia».
La expresión de Jonathan se nubló, sus cejas se fruncieron.
«Amamantar sería bueno para el bebé. Quiero amamantarla yo misma», explicó.
Desde el principio, Jonathan había descartado la idea de dar el pecho, preocupado por la salud de Bethany. Despertarse repetidamente por la noche, el desgaste de su cuerpo… era un precio que no estaba dispuesto a dejarle pagar. Aunque quería a su hija, el bienestar de Bethany seguía siendo su prioridad.
«Si estás decidida a seguir con la lactancia, puedo encontrar a alguien para…».
«No me refiero a eso», intervino Bethany. «Quiero hacerlo yo misma, no delegarlo en otra».
Bajó la mirada, contemplando brevemente antes de sacudir la cabeza.
«Cualquier cosa menos esto. Bethany, entiendo tu estado físico mejor de lo que crees. Llevar a nuestro hijo ya era el máximo riesgo que podía aceptar. Esto no es negociable».
La sola idea de volver a poner en peligro la salud de Bethany le llenaba de pavor.
«¿No se perdería nuestra hija sin la leche de su madre?», insistió.
«No lo creo», respondió Jonathan con firmeza. «Si pregunta cuando sea mayor, le explicaré que fue por la salud de su madre. Lo entenderá». Para él, aquello no era ninguna pérdida, ningún fracaso.
Los labios de Bethany formaron un leve mohín. «Acabas de decir que aceptarías cualquier cosa».
Él se encogió de hombros, con un atisbo de terquedad en el gesto. «Supongo que me retracto de esa promesa».
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