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Capítulo 1236:
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Nikolas sintió un nudo apretado en el estómago. Si no fuera por él, Aimee no tendría que enfrentarse a este tipo de sufrimiento. Alguien había lastimado a su esposa, incluso había atacado a su hijo. Ese pensamiento ardía en su mente… Nikolas no lo permitiría.
«No te preocupes, Aimee. No dejaré que Siena se salga con la suya». Recordaba haber dejado escapar a Siena una vez porque Aimee se lo había suplicado, y ese error había conducido a este lío.
«Ve tras Siena, pero deja a la niña fuera de esto». Ahora que ya era madre, Aimee sintió una oleada de compasión por la niña atrapada en todo esto. «Si no fuera porque Siena se lo dijo, no se habría chocado conmigo. Es sólo una niña y no sabe lo que hace».
Nikolas pasó sus dedos suavemente por el cabello de Aimee, acercándola. «Estás siendo demasiado amable».
«Aimee… ¿Está nuestro hijo realmente bien? ¿Está todo realmente bien?», preguntó preocupada.
Ver la sangre le había retorcido las entrañas de espanto.
En el fondo, sabía que no podía significar nada bueno.
«No tengas miedo. Siempre estaré aquí para ti».
Su negativa a responder se sentía como un peso colgando en el aire, pesado por los miedos no dichos.
Las lágrimas de Aimee caían, cada sollozo rompía un poco más el corazón de Nikolas.
Desde la infancia hasta la edad adulta, Nikolas siempre consiguió lo que quiso. Pero todo cambió cuando Aimee llegó a su vida, haciéndole comprender cuántas cosas escapaban a su control.
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No es de extrañar que algunas personas recurran a la oración cuando se cierne la oscuridad. Ahora, mientras su hija estuviera a salvo, Nikolas haría lo que fuera necesario para protegerla.
Dentro, Aimee lloraba, sus sollozos resonaban en la quietud, mientras que fuera, a Bethany no le iba mucho mejor.
Jonathan cogió la mano de Bethany, sintiendo la tensión que recorría su cuerpo como un cable en tensión.
«Nikolas lleva ahí mucho tiempo. Aimee debe de estar bien. Intenta no preocuparte».
Bethany bajó la cabeza, con la esperanza de calmar sus pensamientos acelerados.
Pero en momentos así, cuanto más pensaba, más miedo sentía.
Si aquella niña hubiera sido un poco más fuerte, Aimee podría haber perdido el equilibrio. Bethany se había quedado cerca, pero no había protegido a Aimee como debía.
Un sentimiento de culpa se apoderó de su pecho.
En el pasado, Aimee siempre había sido quien la protegía del peligro, pero ahora Bethany ni siquiera se había dado cuenta de las intenciones de la niña. El arrepentimiento inundó su mente.
«Nikolas se preocupa de verdad por esta niña», dijo en voz baja.
Jonathan suspiró y le frotó suavemente la espalda. «Bethany, esto no es culpa tuya. No puedes cargar con toda la culpa».
Mientras Nikolas se preocupaba por Aimee, Jonathan sentía el peso de la preocupación por la frágil salud de Bethany presionándole.
El estado de Bethany era aún más frágil que el de Aimee. Un paso en falso podría ser mortal.
Justo cuando Jonathan terminaba la frase, su teléfono emitió un fuerte zumbido.
Miró la pantalla y un destello de irritación cruzó sus hermosas facciones.
«¿Es Samira?» Bethany notó enseguida el cambio en su expresión.
«Pues contesta. Estoy bien».
«Puede esperar. La llamaré más tarde».
La preocupación tejió la frente de Jonathan mientras estudiaba a Bethany.
Intentó sonreír, pero no le llegó a los ojos. «No hagas esperar a Samira. Podría pensar que no te importa. La llamas por mi antídoto, ¿verdad?».
Jonathan permaneció en silencio.
«Vamos», insistió Bethany. «Te prometo que estaré bien. Esperaré aquí a que salgan».
Jonathan asintió lentamente. «Volveré justo después de la llamada».
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