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Capítulo 1059:
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Bethany parpadeó, comprendiendo lentamente lo que Jonathan quería decir.
Sin embargo, estaba confundida. Estaba allí, delante de él, ¿por qué dudaba? No era su primera vez. ¿Por qué de repente Jonathan se mostraba tan reservado?
«Ahora lo sé», dijo en voz baja.
«Bien», respondió Jonathan, soltándole la muñeca con un deje de frustración. «Si lo entiendes, entonces vamos a intentar dormir un poco».
Bethany se sintió desconcertada. No era así como había imaginado que se desarrollaría la velada. Cuando volvieron a acostarse, Bethany permaneció completamente quieta, como un ratón asustado bajo las sábanas.
Jonathan pensaba esperar a que ella se durmiera, mientras que Bethany esperaba a que él se durmiera. El tiempo pasaba y estaba claro que ninguno de los dos estaba dormido.
Jonathan estaba tan contenido que parecía que le iba a estallar la cabeza. Decidió darse una ducha en el dormitorio principal, con la esperanza de distanciarse de la tensión. Pero justo cuando empezaba a moverse, Bethany le cogió del brazo.
«Jonathan, no te vayas».
«Tengo que ocuparme de algo».
«Iré contigo», dijo Bethany, decidida a no dejar que se fuera solo.
Antes se había aferrado a su orgullo y dignidad, sin doblegarse ni mostrarse excesivamente cariñosa. Pero ahora, después de haberse despojado de esas barreras, se dio cuenta de que no había necesidad de contenerse. Con Jonathan no había nada que ocultar. Si quería decir algo, lo decía. Si tenía algo en mente, lo compartiría.
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«Bethany, ¿por qué eres…?»
¿»Pegajosa»? Bethany interrumpió con una sonrisa, disipando su creciente irritación.
Jonathan estaba al borde de la ira, pero se calmó inmediatamente al ver su sonrisa.
«Jonathan, voy a intentar contar contigo. Dame un poco de tiempo», dijo Bethany mientras se acercaba y apoyaba la cabeza en su regazo. «Lo que necesites, lo aprenderé. Sólo quiero hacerte feliz».
Jonathan sabía que debía sentirse conmovido por las palabras de Bethany, pero su preocupación inmediata era permanecer quieto. Con Bethany tumbada en su regazo, marcharse ya no era una opción.
«Si me quieres, tómame», dijo Bethany, con voz suave y las mejillas teñidas de rojo. «Estoy aquí».
Jonathan comenzó, su voz áspera por la emoción. Quería expresar sus dudas, pero no le salían las palabras. Bethany, insegura pero decidida, extendió la mano, explorando.
«Te deseo, así que deberías tenerme».
«Muévete».
«No me muevo. Me quedo aquí», declaró Bethany desafiante. «Aquí es donde pertenezco. Jonathan, pienses lo que pienses, tengas las razones que tengas para alejarme, no importa. Eres mía y yo soy tuya. Nadie puede cambiar eso».
Su determinación era clara: estaba aquí para proteger lo que era suyo, para ella, para él y para su futuro juntos.
La expresión de Jonathan se tensó, su dolor de cabeza se intensificó. «Por favor, muévete», repitió, con la voz tensa.
«No lo haré», respondió Bethany, con un mohín obstinado. «¿Por qué te resistes?».
Ella no podía entender su vacilación. No podía ser por Samira, ¿verdad?
«No me estoy resistiendo; simplemente no la quiero», dijo Jonathan finalmente.
«¿Entonces por qué pareces en conflicto?» le preguntó Bethany, tocándolo con insistencia. «Jonathan, prometiste que no habría mentiras entre nosotros».
Abrumado, Jonathan actuó. Con un movimiento fluido, levantó a Bethany y la abrazó.
«¿Entiendes lo que estás empezando?»
«Lo entiendo», respondió Bethany, sonriendo tranquilizadora. «Estoy al lado de mi familia».
No dejaría que nadie la destruyera. Y con eso, reafirmó su compromiso no sólo con él, sino con la preservación de su vínculo contra cualquier amenaza, ya fuera de Samira, Godfrey o cualquier otra persona.
Jonathan ya había oído suficiente. Sin decir palabra, se inclinó y la besó.
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