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Capítulo 46:
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El Aston Martin de Ethan surcaba la noche bajo la lluvia torrencial. Iris conducía con precisión quirúrgica, con las manos firmes en el volante a pesar de la tensión. Ethan estaba sentado en el asiento del copiloto con la cabeza echada hacia atrás, temblando violentamente. La combinación de la infección en la espalda y la neurotoxina «Blue Orchid» que había inhalado en la habitación estaba causando estragos en su termorregulación y su estado mental.
No se dirigieron a la mansión familiar; estaba contaminada por la presencia de los Sterling y por el escándalo. En su lugar, Iris condujo hasta la casa de playa de Ethan, un refugio aislado de hormigón y cristal a una hora de la ciudad, un lugar al que él acudía cuando necesitaba desaparecer del mundo.
Antes de salir del área de cobertura de la ciudad, Iris hizo una llamada rápida a través de su auricular.
—Xavier —dijo—. ¿Cómo está Eleanor?
—Estable en la UCI —respondió la voz de Xavier—. He reforzado la seguridad. Evelyn intentó acceder a los registros hace una hora, pero se lo impedimos. Nadie entra ni sale sin mi autorización.
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—Bien. Evelyn ya no dará más problemas esta noche. Mantén a Eleanor a salvo. Yo me encargaré de Ethan.
Colgó. Al menos ese frente estaba cubierto.
Llegaron a la casa de la playa. El sonido del mar embravecido llenaba el aire. Iris ayudó a Ethan a salir del coche. Estaba ardiendo de fiebre. Apenas podía caminar por el dolor en la zona lumbar y el vértigo que le mareaba.
Entraron en la casa, fría y a oscuras. Ethan se apartó de Iris y se apoyó contra la pared, respirando con dificultad, como si no pudiera tomar suficiente aire.
—Vete —dijo él, con una voz gutural y ronca—. Enciérrate en la habitación de invitados. No estoy… a salvo.
—Ethan, necesitas ayuda médica —dijo Iris, dejando las llaves sobre la mesa y encendiendo las luces tenues—. Tienes fiebre séptica y estás bajo los efectos de una neurotoxina afrodisíaca. No te voy a dejar solo.
—¡No necesito un médico! —gritó Ethan, girándose bruscamente. Tenía los ojos desorbitados y dilatados—. ¡Necesito que te mantengas alejada! ¿No entiendes lo que esa cosa me está haciendo? Quiero… quiero cosas que no debería querer.
Su teléfono sonó en el bolsillo. Lo sacó con manos temblorosas. Era Julian.
Ethan contestó, activando accidentalmente el altavoz debido a su falta de coordinación.
«Iris», la voz de Julian llenó la habitación. «Hay un caos en la mansión. Dicen que Evelyn se ha delatado accidentalmente ante las cámaras. ¿Estás a salvo? ¿Has podido salir sin problemas?».
Ethan se quedó mirando el teléfono con una furia irracional. «¿Julian? ¿Por qué te llama a ti?».
Iris le quitó el teléfono y colgó sin responder. «Julian no importa. Tú sí».
—¡Maldita sea! —rugió Ethan, celoso y febril, golpeando la pared con su mano buena.
Se dio la vuelta y corrió hacia el baño principal, arrastrando la pierna en una carrera dolorosa y desesperada.
Iris oyó cómo se daba un portazo y, segundos después, cómo se abría el grifo de la ducha a toda potencia.
Se quedó sola en el salón, temblando de adrenalina. Sabía que Ethan estaba luchando contra sus demonios físicos y mentales bajo el agua helada, intentando purgar el deseo inducido y la fiebre que lo consumía.
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