✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 309:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
El laboratorio privado de Iris estaba en silencio, solo roto por el zumbido del espectrómetro de masas. Llevaba una bata blanca de laboratorio sobre su ropa de calle, guantes de látex y una mascarilla.
Había conseguido piratear el historial médico de Richard de la base de datos del hospital donde estaba ingresado. Ahora miraba fijamente la pantalla del ordenador, esperando los resultados de la comparación de ADN que había realizado utilizando un viejo mechón de pelo de Richard que había guardado.
El estómago se le revolvió violentamente. Corrió al lavabo de la esquina y vomitó bilis. Se enjuagó la boca con agua fría, contemplando su pálido reflejo en el espejo. Tenía los ojos hundidos.
Embarazada. Hija de un hombre que no era su padre. Testigo de un asesinato a cámara lenta.
La máquina emitió un pitido.
Iris volvió a mirar el monitor. Los gráficos mostraban picos rojos elevados en el informe toxicológico de Richard.
𝘌𝗌𝘁𝘳𝘦𝗻o𝘀 se𝗺аn𝘢l𝘦𝗌 𝖾𝗻 𝗇o𝘷𝖾𝘭a𝗌𝟰𝗳а𝗇.𝗰𝗈m
Arsénico. Niveles altísimos.
No se trataba de una enfermedad natural. Era un envenenamiento crónico. Lento. Doloroso.
Y el análisis de ADN…
Iris hizo clic en la segunda pestaña.
Probabilidad de paternidad: 0,0 %.
Evelyn había dicho la verdad. Richard no era su padre biológico. Pero alguien lo había estado matando lentamente.
Las lágrimas le nublaron la vista.
La puerta del laboratorio se abrió de golpe. Ethan irrumpió en la sala, con el rostro desfigurado por la furia y la preocupación. Había visto el coche de Xavier aparcado fuera y había pensado lo peor.
—¿Dónde está? —rugió Ethan, buscando a Julian con la mirada, convencido de que Iris se había estado reuniendo con él en secreto.
Iris se giró, ocultando los informes a sus espaldas.
—Vete, Ethan. No puedes estar aquí.
—Te vi en los muelles. Te vi entrar aquí con tus matones. ¿Estás planeando tu próximo movimiento con Thorne?». Ethan la agarró por los hombros, clavándole los dedos con una mezcla de posesividad y desesperación. «¿Es eso? ¿Mientras mi familia se hunde, tú te acuestas con él?».
Iris lo miró con incredulidad. Él pensaba que se trataba de celos. De sexo.
«Suéltame», dijo ella con voz débil.
Ethan vio las lágrimas en sus ojos. Su ira se desvaneció. Bajó la mirada hacia su vientre y luego volvió a fijarla en sus ojos. La pregunta le quemaba en la garganta: «¿Es mío?». Pero el miedo a la respuesta lo mantuvo en silencio.
«Iris… ¿qué te pasa? Estás pálida. ¿Estás…?»
«Me han matado, Ethan», susurró ella, con la conmoción haciéndola hablar sin pensar. «Han matado a mi padre. Y ni siquiera era mi padre».
«¿De qué estás hablando?»
Iris sintió un espasmo agudo en la parte baja del abdomen. Jadeó y se encogió sobre sí misma. Ethan la sujetó antes de que cayera, con el rostro transformado en puro pánico.
«¡Iris! ¡Mírame! ¡Respira!».
«¡No me toques!», gritó ella, empujándolo con una fuerza sorprendente. «¡Vuelve con tu familia perfecta! ¡Déjame en paz!».
Ethan se quedó paralizado, con las manos en alto. Iris se abrazó el estómago, protegiendo el secreto que crecía en su interior: el único vínculo de sangre que le quedaba en un mundo envenenado.
.
.
.