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Capítulo 243:
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Connor dejó a Lily en la puerta de su residencia, donde ella seguía manteniendo la fachada de ser una estudiante normal. El motor de su vieja camioneta retumbaba en el silencio del impecable campus.
—No vuelvas al sur sola, Lily —le advirtió Connor con seriedad, apoyando el brazo en la ventanilla abierta—. Esto no es un juego.
—Volveré si tú estás allí —replicó Lily con aire desafiante, antes de darle un rápido beso en la mejilla y correr hacia el edificio.
Connor se quedó allí un momento, tocándose la mejilla; luego sacudió la cabeza y se marchó.
A la mañana siguiente, el campus universitario era un hervidero. No por los exámenes, sino por el escándalo.
Cuando Lily entró en el edificio principal, se dio cuenta de que las conversaciones se interrumpían a su paso. Susurros, risitas y dedos acusadores la seguían como un rastro tóxico.
Se acercó al tablón de anuncios principal.
Estaba cubierto de fotos. Fotos granuladas, tomadas desde lejos la noche anterior en el Distrito Sur. Fotos de ella, con su vestido de gala y el velo levantado, abrazando a Connor en aquel callejón sucio. Los pies de foto, garabateados con un rotulador rojo agresivo, decían: «La bestia y el mecánico», «Amor en la basura» y «La fea heredera compra amor barato».
Lily sintió que se le helaba la sangre. Tenía que ser Sophia, o una de sus fieles seguidoras.
Sophia apareció al final del pasillo, rodeada de su habitual pandilla de aduladores. Caminaba con la satisfacción de alguien que acababa de lanzar una bomba nuclear.
«Vaya, vaya», dijo Sophia, con la voz resonando por el pasillo. «Mira quién está aquí. La princesa de los vertederos. Tu pobre novio te va como anillo al dedo, Lily. Hacéis buena pareja. Su suciedad combina a la perfección con tu cara».
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La multitud se rió. Era un sonido cruel, propio de una manada.
Lily metió la mano en el bolsillo de su chaqueta. Sus dedos se cerraron alrededor del pequeño frasco de cristal azul que Iris le había dado.
Iris apareció detrás de Lily, silenciosa como una sombra. Posó una mano firme sobre el hombro de su amiga, ayudándola a recuperar el equilibrio.
—Sophia, tu obsesión con Lily es patética —dijo Iris con calma—. Deberías buscarte un pasatiempo. O un psiquiatra. A tu hermano no le hará gracia saber que sigues acosando a los estudiantes después de lo que pasó ayer.
Sophia ignoró a Iris, envalentonada por el público.
—¿Qué te pasa, Lily? ¿Se te ha comido la lengua el gato? ¿O te da demasiada vergüenza admitir que solo un mecánico desesperado querría tocarte?
En ese momento, el rugido de un potente motor resonó en el exterior. Connor entró en el pasillo cargando con una caja de repuestos; había venido a entregar un pedido al departamento de ingeniería.
Vio a la multitud. Vio las fotos en el tablón. Vio a Lily temblando.
Dejó la caja en el suelo con un fuerte golpe. Luego se abrió paso entre la multitud, que instintivamente se apartó ante su presencia.
Sophia lo vio y se rió.
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