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Capítulo 17:
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De vuelta en la villa, el ambiente era electrizante. Ya no podían seguir ignorándose el uno al otro.
Era de noche. Ethan subió las escaleras para enfrentarse a Iris sobre las condiciones de su convivencia. Encontró la puerta de la habitación de invitados entreabierta. Iris le daba la espalda, vestida con ropa deportiva ajustada, metiendo algo en una bolsa de viaje.
Su teléfono estaba sobre la cama. Una notificación emergente iluminaba la pantalla: …medianoche. No debe saber nada. Te esperaré en el sitio de siempre…
Ethan sintió una punzada de celos irracionales. Carraspeó ruidosamente.
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Iris se dio la vuelta, ocultando la bolsa. «¿No sabes llamar a la puerta?»
Ethan dio un paso adelante. «¿Adónde vas? ¿Quién te espera a medianoche? ¿Tu amante? ¿Ese es tu plan? ¿Quedarte con mis acciones y acostarte con otro?»
Iris soltó una risa incrédula. «¿Me preguntas eso? Mantienes a Scarlett en un ático de lujo pagado por la empresa, ¿y te atreves a ponerte celoso por mí?»
«Soy un hombre. Es diferente. Tengo necesidades».
La hipocresía fue la gota que colmó el vaso. Iris dio un paso adelante y le dio una fuerte bofetada en la cara.
Ethan se quedó inmóvil, atónito. La antigua Iris habría llorado. Esta mujer tenía fuego.
—No vuelvas a insinuar jamás que soy menos que tú —siseó Iris—. Lo que haga con mi tiempo es asunto mío.
Ethan se tocó la mejilla, y una sonrisa torcida se dibujó en sus labios. Le gustaba que ella se defendiera.
—De acuerdo. Tienes agallas. Hagamos un trato. Un acuerdo de puertas abiertas. Yo vivo mi vida y tú vives la tuya. Pero sé discreta.
—Perfecto —dijo Iris—. No me esperes despierto.
Cogió su bolso y pasó junto a él, rozándole el hombro con el suyo.
—¿Adónde vas? —preguntó Ethan, rompiendo su propia regla.
—Acuerdo de puertas abiertas, Ethan. No preguntes.
Salió de la habitación. Ethan se quedó solo. Su teléfono vibró con una alerta de noticias: Julian Thorne regresa a la ciudad.
Recordó el mensaje: «Te esperaré en el sitio de siempre». ¿Iris y Julian?
Llamó a seguridad.
«¿Se ha ido mi mujer?».
«Sí, señor. A pie. Se dejó el móvil en la entrada. No podemos localizarla».
Ethan colgó, frustrado. Iris se estaba convirtiendo en un fantasma.
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