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Capítulo 1534:
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‘‘Lo comprendo’’, respondió Arielle. “Le haré pagar el precio por esto’’.
“¿Qué piensas hacer?” preguntó Vinson.
Arielle entrecerró los ojos y declaró: «Encontraré las pruebas y la castigaré por sus actos».
No iba a permitir que la Reina Madre se librara.
Fuera quien fuera, siempre que hubiera cometido un delito, Arielle iba a hacerla cargar con las consecuencias.
«De acuerdo», respondió Vinson. Tras una pausa, continuó: ‘‘¿Qué hacemos con el cadáver? Papá dijo que quería encontrar un buen lugar para enterrarla’’.
Arielle se emocionó al saber lo que Dylan planeaba para su funeral.
“Debe de estar disgustado, ¿Verdad?” murmuró Arielle.
No se había atrevido a desvelar el plan a su padre, temiendo que no diera la talla y arruinara el plan.
Cuando Vinson pensó en la forma en que reaccionó Dylan, afirmó: ‘‘Sí, estaba muy alterado. Era como si hubiera envejecido unos cuantos años en cuestión de segundos’’. Arielle se quedó callada un momento.
Por el momento, no podía revelar el hecho de que seguía viva. Si lo hacía, sus esfuerzos anteriores se echarían a perder.
“Intenta hablar con él más a menudo. Dile que aún tiene a Aaron y haz que se centre en encontrar a Aaron’’. Arielle ya se había enterado de que Aaron había caído por el acantilado. Lo único que esperaba en aquel momento era que su padre diera prioridad a la búsqueda de Aaron. De ese modo, Dylan no se enfadaría demasiado por su muerte.
‘‘De acuerdo. No es conveniente que investigue a la Reina Madre…’’ Justo cuando Vinson dijo esas palabras, Arielle replicó: ‘‘Déjamelo a mí’’.
Con sus nuevas pistas, le resultó mucho más fácil investigar el asunto.
Una vez finalizada la llamada, Arielle abrió el portátil que Harvey le había comprado y empezó a buscar información sobre los antecedentes de la Reina Madre.
Al día siguiente, en una casa de madera de una pequeña isla…
‘‘Abuelo, dime, ¿Se despertará?’’ Una chica de dieciocho años preguntaba con curiosidad a su abuelo mientras miraba al hombre de la cama.
‘‘Dependerá de su destino’’, dijo el anciano que parecía tener unos sesenta años.
El anciano había hecho todo lo posible por curar las heridas del joven y darle medicinas. Dependía del destino que sobreviviera o no.
“Me pregunto qué le habrá pasado. ¿Por qué tiene tantas heridas?», dijo la muchacha, compadeciéndose del herido.
“¿Por qué te preocupas por eso? Vuelve si no tienes nada que hacer. ¿Por qué te quedas en casa de un anciano?” Aunque el anciano decía palabras duras para alejar a su nieta, era francamente reacio a verla marchar.
‘‘Abuelo, vuelve conmigo’’, se apresuró a persuadir la muchacha mientras le agarraba del brazo. “No estaré tranquila si estás aquí solo’’.
La muchacha sólo podía ir a casa del anciano de visita durante sus vacaciones, así que quería que se fuera con ella. Estaba bien aunque no le gustara la otra casa, ya que ella podría alquilar un lugar cerca de su escuela. Así podría hacerle compañía cuando terminara las clases o tuviera días libres.
“¿De qué hay que preocuparse? Tu abuela y yo nos hemos quedado aquí toda la vida. Estamos acostumbrados’’.
Mientras hablaba, se dio la vuelta y salió de la habitación. Luego, colocó las hierbas que tenía en las manos sobre la tabla de madera que había a un lado, antes de extenderlas para que se secaran.
Pero ahora estás solo», señaló la muchacha al salir de la habitación y ponerse a su lado. Mientras ayudaba a extender las hierbas, murmuró: ‘‘Si la abuela siguiera viva, yo no diría nada de esto. Al menos, se tendrían el uno al otro, pero ahora estas solos. ¿Cómo no voy a preocuparme?
Antes de que el anciano pudiera decir nada a eso, se oyeron fuertes toses detrás de ellos. Tanto los ojos del anciano como los de la muchacha se abrieron de golpe, sorprendidos.
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