Su Venganza fue su Brillantez - Capítulo 662
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Capítulo 662:
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Al amanecer, la luz del sol inundó el estudio, pintando la habitación de un suave color dorado. Más allá de la ventana, el mar brillaba bajo el cielo matutino, con las olas bailando bajo la primera luz del día.
Cole abrazó a Elliana con fuerza, con las frentes juntas, los alientos entremezclados y los latidos de sus corazones firmes y entrelazados. —No quiero olvidarte —murmuró con voz ronca y entrecortada—. Me niego a olvidarte.
La fiebre de su beso se había desvanecido, pero la intimidad permanecía: cercana, tranquila e inquebrantable. Se aferraban el uno al otro como dos mitades de un mismo alma, atrapados en un momento que no querían que terminara.
Elliana le acarició suavemente la cara, pasando el pulgar por la comisura de su ojo como una madre que tranquiliza a un niño asustado. —Cole —susurró—, aunque ocurra lo peor y me olvides, no te culparé. Volveré a entrar en tu vida. Te perseguiré. Y me aseguraré de que te enamores de mí otra vez».
Pero sus palabras solo sirvieron para aumentar el dolor en sus ojos. «Eso no es lo que me da miedo», dijo con voz entrecortada por la emoción. «Lo que me da miedo es que, aunque vuelva a enamorarme de ti, no seré el mismo. Sin mis recuerdos del pasado, la persona que se enamore de ti otra vez no seré yo. Sería una nueva versión de mí mismo. Un extraño». Frunció el ceño. «Y la idea de que ames a otra persona, aunque sea otro yo, no puedo soportarla. Ya lo odio».
Estaba celoso de su yo futuro. Un hombre que se parecería a él, que sonaría como él, pero que no recordaría su pasado compartido.
El corazón de Elliana se encogió. Levantó la mano y le acarició el pelo, acercándolo hacia ella. —No pienses así —dijo en voz baja—. No tienes que temer al futuro. Aunque tus recuerdos desaparezcan, tu corazón no olvidará. Y cuando te enamores…
de mí otra vez, yo estaré ahí para recordarte cada momento que hemos compartido. Te devolveré a ti mismo.
Él la abrazó con fuerza, como si su promesa fuera lo único que lo mantuviera en pie. —¿Lo dices en serio? —preguntó con voz temblorosa. «¿De verdad me perseguirás? ¿Aunque me comporte como un idiota, te diga cosas que te hagan daño y no sea como soy ahora, no me abandonarás?».
Ella le había dicho que su yo futuro podría convertirse en alguien completamente diferente, moldeado por nuevos pensamientos, hábitos y deseos. ¿Y si ese hombre ya no la veía como la mujer de sus sueños? La idea era insoportable. No quería esa versión de sí mismo. No quería arriesgarse a convertirse en otra persona. Solo quería quedarse allí, en ese momento, con la mujer que amaba y los recuerdos que compartían. «
Incluso si algún día te conviertes en un completo idiota», susurró Elliana, con voz suave pero firme, «incluso si me haces llorar o me rechazas, no te abandonaré». Se apartó lo justo para mirarlo a los ojos, con los dedos aún entrelazados con los de él. —Te perseguiré con todo lo que tengo hasta que vuelvas a enamorarte de mí. Y te lo contaré todo, nuestra historia, desde el principio.
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Su sonrisa vaciló ligeramente, pero siguió brillante de esperanza. —Tú me has perseguido a mí. Así que esta vez me toca a mí. —Le puso una mano sobre el pecho—. Pero hay una cosa que no es negociable, Cole: tienes que seguir viviendo. Quédate conmigo. Encontraremos a nuestras madres. Construiremos una vida, formaremos una familia y seremos felices. Eso es lo que nos merecemos, Cole. Toda una vida juntos.
Cole no respondió con palabras. Simplemente la abrazó con más fuerza, apretándola contra él como si pudiera congelar el momento, sellarlo en su alma para siempre. En su mente, imaginó la vida que ella describía: envejecer juntos, con las manos arrugadas pero siempre entrelazadas. Una vida sin penas, sin separaciones. Solo amor.
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