Su Venganza fue su Brillantez - Capítulo 643
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Capítulo 643:
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Pensó que, dado que el acuerdo de rescisión ya estaba firmado, por mucho que ella le diera vueltas a las cosas a su abuelo, no había vuelta atrás.
Adah le echó una mirada rápida, con los labios curvados en una pequeña sonrisa victoriosa. El resto del trayecto transcurrió en silencio hasta que llegaron a la extensa finca de los Shaw.
La casa estaba en plena efervescencia: Raymond había convocado a toda la familia para presentar oficialmente a Adah. La prometida de Allan, la futura matriarca de la familia Shaw, sin duda merecía toda la atención.
El regreso de Adah a la familia Norris después de años en un pueblo perdido no había pasado desapercibido para la familia Shaw, ni tampoco los rumores sobre su falta de belleza.
Desde el momento en que ella y Allan entraron en la lujosa sala de estar, Adah lo sintió. El sutil cambio. Las miradas cautelosas. El aire cargado de juicios. Lo entendía demasiado bien.
Nunca había sido una mujer que se derritiera por hombres como Allan: su pulida arrogancia y su actitud fría no eran precisamente su tipo. Aun así, ni siquiera ella podía negar lo obvio: el hombre era absurdamente guapo y tenía un talento repugnante. A su lado, con su
disfrazada de paleta torpe, el contraste entre ellos no podía ser más evidente. Dadas las circunstancias, la incomodidad de la familia Shaw no era de extrañar, era totalmente natural.
Incluso Raymond, que se había empeñado en honrar el compromiso, vaciló visiblemente al ver a Adah. La había tenido en brazos una vez, hacía mucho tiempo: era una niña de mejillas sonrosadas y ojos brillantes que se reía cuando la hacía saltar sobre sus rodillas. Esa imagen tan querida había permanecido intacta en su memoria durante todos esos años, conservada como una delicada fotografía.
Raymond esperaba algún cambio, por supuesto. La vida en el campo podía suavizar el encanto de cualquiera. ¿Pero esto? La transformación de una niña angelical en una joven torpe y sencilla lo dejó momentáneamente atónito. Aun así, Raymond era un hombre de palabra. El compromiso había sido sellado por el vínculo de amistad y confianza entre él y la madre de Adah, algo sagrado para él. Ninguna sorpresa lo haría romperlo. Recuperando la compostura, esbozó una cálida sonrisa.
—Tú debes de ser Adah Norris.
—Sí, señor Shaw —respondió Adah con calma y cortesía.
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Él hizo un gesto amable. —Ven, siéntate a mi lado.
Ella obedeció y se sentó con elegancia en el asiento contiguo.
Raymond entabló una conversación trivial, preguntándole por su educación, su familia y su vida cotidiana. Adah respondió con educación y aplomo, en un tono respetuoso sin parecer sumisa.
Aunque en privado se había burlado sin piedad de Allan, en presencia de personas mayores se comportaba con un decoro reflexivo. Eso, más que nada, se ganó la aprobación de Raymond.
Allan, mientras tanto, se alejó unos asientos, con los brazos cruzados, observando en silencio. Por alguna razón, Adah le parecía enigmática. El día anterior le había parecido torpe y aburrida, una paleta extraña y un poco molesta. Sin embargo, allí estaba, manteniendo una conversación digna con su abuelo, e incluso mostrando destellos de agudeza. ¿Acaso había estado haciéndose la tonta?
Mientras Allan reflexionaba sobre esa posibilidad, su madre, Eleanor Shaw, rompió el silencio con una sonrisa amable. —Adah, ya que es tu primera visita y aún queda un rato para la cena, ¿qué tal si te enseño el jardín? Es precioso en esta época del año.
Adah miró a Eleanor. Aunque no se habían presentado formalmente, no necesitaba un nombre para identificar a esa mujer. Su postura, su ropa y su tranquila autoridad.
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