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Capítulo 1439:
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En el momento en que Lance dio su primer paso, Ruben le dedicó a Raymond una sonrisa rebosante de satisfacción, saboreando cada segundo. «Ya lo verás. ¡Se avecina una gran celebración de la familia Evans! Cuando Adah se case con Lance, me aseguraré de que la traten como a una reina».
Raymond sintió un peso amargo asentarse en su pecho. La frustración y el arrepentimiento lo inundaron mientras maldecía en silencio a Allan una y otra vez.
Si ese idiota no hubiera roto el compromiso, no estaría aquí aguantando las burlas de Rubén.
Cuanto más se ensombrecía la expresión de Raymond, más amplia se hacía la sonrisa de Rubén, que apenas podía contener su alegría.
Bajo la mirada de toda la sala, Lance se acercó a la joven. Su corazón latía con tanta fuerza que estaba seguro de que cualquiera que estuviera cerca podría oírlo. Armándose de valor, le dedicó una sonrisa cortés. —Adah, estás absolutamente radiante esta noche.
Ella le devolvió una amplia sonrisa. Siempre le había gustado Lance, y ahora que estaba convencida de que Allan había pasado página, no veía razón para seguir reprimiendo ese absurdo acuerdo.
Además, pensó, dado que su amiga Elliana ya se había casado con Cole, si ella se casaba con Lance, pasaría a formar parte oficialmente de la familia Evans, lo que reforzaría aún más su vínculo con su mejor amiga. Solo ese pensamiento la llenaba de felicidad. En ese momento, decidió que podía tratarlo como a su prometido sin reservas.
Así es la naturaleza de los corazones jóvenes: cuando los sentimientos cambian, se nota en cada gesto. El cálido brillo de sus ojos no pasó desapercibido para Lance. La tensión se desvaneció de su rostro, sustituida por una sonrisa sincera y radiante.
—Feliz cumpleaños, Adah —murmuró, con una suave calidez en la voz.
Ella siempre había sido directa y nunca ocultaba lo que sentía. Se acercó, le pasó el brazo por el suyo y le dirigió una mirada juguetona. —Gracias. ¿Me has traído un regalo de cumpleaños?
«¡Por supuesto!», respondió Lance, rebosante de emoción. De hecho, había traído un regalo, pero entregárselo en ese momento requería más valor del que aún poseía. En su bolsillo descansaba un enorme anillo de diamantes.
Había sido idea de Rubén. El anciano había insistido sin descanso en que Lance lo comprara y le pidiera matrimonio durante la fiesta de cumpleaños.
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Al principio, Lance pensó que el plan era una locura. Ni siquiera estaban ni remotamente cerca de la etapa de la propuesta, y la idea de que lo rechazaran delante de todo el mundo lo aterrorizaba.
Pero Ruben había llegado incluso a amenazar con una huelga de hambre si se negaba. Al final, Lance no tuvo más remedio que ceder.
Hasta hacía unos momentos, los nervios lo habían abrumado con solo pensar en entregar el regalo. Sin embargo, al ver ahora a Adah tratarlo con tanta calidez, sus dudas comenzaron a disiparse. Quizás Ruben tenía razón después de todo. A veces, ser valiente era la única forma de lograr algo extraordinario. Si lograba reunir el valor suficiente, quizás podría finalmente conquistar el corazón de la mujer que amaba.
—Estoy deseando ver qué has elegido —dijo Adah con una sonrisa y los ojos brillantes.
Lance le devolvió la sonrisa. Sus miradas se cruzaron y se mantuvieron fijas durante un largo momento, ambos irradiando felicidad.
La multitud que los rodeaba observaba, completamente cautivada por aquel tierno intercambio.
El rostro de Rubén se iluminó al contemplar la escena. Entonces lanzó a Raymond una mirada triunfante y satisfecha. «¿Lo ves? ¿No hacen una pareja perfecta?».
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