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Capítulo 1418:
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Su presión dio sus frutos. Se fijaron las condiciones finales: los jueces anunciarían un tema aleatorio en el momento y los bailarines improvisarían todo, la coreografía y la actuación, en directo, con el campeonato en juego.
Cuando el presentador reveló el formato, el público lo aceptó sin protestar. El chat de la retransmisión en directo se desplazaba sin quejas. En el escenario, Adah permanecía inmóvil como una estatua de mármol, inquebrantable. A su lado, Rowena estaba pálida como la cera. No sabía coreografiar ni una maldita cosa.
Claro, Rowena había entrenado con instructores de élite desde que aprendió a andar. Sus fundamentos técnicos eran sólidos como una fortaleza. ¿Pero composición? No tenía nada. No tenía chispa, ni visión, ni fuego creativo alguno. Si la actuación anterior de Adah había sido original —y Rowena empezaba a sospechar que lo era—, estaba absolutamente acabada.
El pánico se apoderó de Rowena. La rabia le siguió de cerca, dirigida hacia los mismos jueces a los que había financiado. Les había pagado para que la protegieran. En cambio, le habían entregado un cuchillo apuntando directamente a su punto más débil. ¿Qué demonios se suponía que debía hacer ahora?
Adah ladeó la cabeza, disfrutando con evidente placer de la espiral en la que se encontraba Rowena. Una silenciosa mueca de desprecio escapó de sus labios. «Parece que esos dos jueces en los que gastaste una fortuna juzgaron mal tus… capacidades, Rowena».
El pulso de Rowena se aceleró. «¡No sé de qué estás hablando!».
Adah se rió, con frialdad y sarcasmo. —¿Crees que negarlo enterrará tus sucios secretos? Puedes jugar a lo que quieras, pero la verdad tiene poder. Todos los tratos sucios que has hecho saldrán a la luz y serán destrozados por el mundo.
—¡Adah, deja de decir tonterías! —Los pensamientos de Rowena eran un huracán, pero se obligó a mantener una expresión que pareciera tranquila.
La sonrisa de Adah se volvió afilada como una navaja. —Robaste el trabajo de otra persona para conseguir fama y fortuna, pero no eres lo suficientemente fuerte como para soportar ese peso. Espera y verás. Voy a derribarte de ese pedestal y ver cómo caes al vacío.
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Las palabras helaron las venas de Rowena. Antes, habría descartado esas amenazas como ruido de fondo y habría considerado a Adah como una simple molestia irritante. Pero después de ver la espectacular actuación de Adah hacía unos minutos, ya no se atrevía a tomarla a la ligera.
Rowena no tenía ni idea de cómo Adah había descubierto los sobornos y no podía ni imaginar qué venganza estaba planeando. La incertidumbre la carcomía, elevando su terror a niveles insoportables. Sentía como si se estuviera quemando viva por dentro. Todos sus instintos le gritaban que se retirara, que huyera del lugar y no mirara atrás. Pero ya era demasiado tarde para eso. La trampa ya se había cerrado. No tenía más remedio que armarse de valor y enfrentarse a esta ronda de pesadilla.
Aun así, una chispa de esperanza ciega persistía obstinadamente. Quizás Adah tampoco era una coreógrafa de verdad. Quizás El despertar del inmortal también se lo habían robado a otra persona. Al fin y al cabo, Adah no era más que una paleta criada en un pueblo perdido sin ninguna formación oficial, ¿cómo iba a ser capaz de crear una coreografía de nivel profesional?
Las habilidades de Rowena eran patéticas, eso lo admitía. Pero sin duda eran mejores que las de Adah. Tenían que serlo.
Obligando a sus nervios a someterse, Rowena respondió con palabras llenas de veneno. «La única que caerá en el abismo serás tú, Adah».
Su intercambio fue silencioso, demasiado silencioso para que nadie más lo oyera.
Para el público, parecía una inofensiva broma entre primas, una relación que había convencido al público de que eran muy cercanas entre bastidores.
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