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Capítulo 1362:
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Las palabras atravesaron a Cole, robándole el aire de los pulmones. Bajó la montaña sin pensar, pisando a fondo el acelerador mientras las luces de la ciudad se acercaban.
Una hora más tarde, irrumpió por las puertas del hospital y encontró la sala de urgencias.
Rubén estaba paralizado fuera del quirófano, con los labios moviéndose en una oración desesperada. «Jarrett, tienes que superar esto».
Diane había abandonado su recuperación en la villa para estar allí. Se presionó un pañuelo contra la cara, pero las lágrimas seguían brotando, implacables y calientes.
A ambos lados estaban Bertram y Emmanuel, con el rostro marcado por una profunda preocupación.
Cole se apresuró a acercarse. Bertram lo agarró del brazo antes de que pudiera hablar. —Tu padre empezó a empeorar hace dos días. Tu abuela lo trajo de vuelta a Ublento para que lo trataran, pero se desmayó nada más llegar. Lo están operando, pero… —Su voz se quebró—. Los médicos dicen que es terminal. No creen que vaya a sobrevivir. Si se despierta lo suficiente como para despedirse, deberíamos considerarnos afortunados.
Los ojos de Cole se fijaron en aquellas puertas cerradas. El pecho se le contrajo, apretándole cada vez más hasta que apenas podía respirar. Sintió un calor punzante detrás de los ojos.
Durante todos esos años, Jarrett había estado consumido por el dolor, lamentando la desaparición sin rastro de su esposa hacía mucho tiempo. Cole había creído que la larga estancia en la villa ayudaría a su padre a recuperarse. Nunca imaginó que la muerte encontraría a su padre tan pronto. No, se negaba a aceptarlo. Su padre aún no sabía que había encontrado a Sophie, que su familia destrozada estaba a solo una conversación de volver a estar completa.
—He pasado todos los días aterrorizada por si Jarrett moría antes que yo —dijo Diane con voz entrecortada—. Por eso me quedé en la villa: utilicé mi propia recuperación como excusa para poder vigilarlo. No importaba lo que pasara en casa, nunca volví. Centré toda mi vida en él.
Entonces se derrumbó, perdiendo la compostura. «Y después de todo, después de todo ese cuidado, él sigue dejándome primero. Era mi orgullo, mi alegría. ¿Cómo voy a sobrevivir a su pérdida?».
El gemido que brotó de su garganta fue crudo, animal. Su cuerpo tembló con la fuerza del mismo.
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Rubén, ahogado en su propio dolor e incapaz de aliviar el de ella, le puso una mano temblorosa en el hombro.
Se apoyaron el uno en el otro, dos personas aplastadas bajo el mismo peso insoportable.
Bertram se inclinó hacia él y bajó la voz hasta convertirla en un susurro. —Cole, antes de que tu padre perdiera el conocimiento, seguía hablando de encontrar a tu madre. Si no despierta, nunca podrás decírselo. Morirá con ese remordimiento grabado en sus huesos.
Emmanuel exhaló con dificultad, con pesadez. «Debería habérselo dicho antes».
El corazón de Cole latía con fuerza contra sus costillas. Su padre había arrastrado ese fracaso durante cada hora de su vida: la tortura de no encontrar a Sophie, la agonía de no saber nada sobre su estado actual. Y ahora, como ella se negaba a dejarle ver su rostro desfigurado, él podría morir con ese dolor aún alojado en su pecho. Ella no había dejado de quererle. Simplemente no podía soportar la idea de que él viera su desfiguración.
Pero Cole sabía lo que su madre no veía. El amor de su padre no dependía de la perfección. Las cicatrices, las quemaduras, cualquier devastación que marcara su piel, no cambiarían nada. Él seguiría mirándola con la misma devoción absoluta, feroz e inquebrantable. Su partida, ese acto de sacrificio que ella se había convencido a sí misma de que era noble, se había convertido en la lenta muerte de su padre. Un arrepentimiento tan profundo que podría perseguirlo más allá de la tumba.
La verdad golpeó a Cole con brutal claridad. Su madre se había equivocado. Se había equivocado desde el principio. Nunca debería haber guardado un secreto tan catastrófico. Nunca debería haber abandonado a su padre para que soportara solo ese tormento. Si hubiera elegido otra cosa entonces, si le hubiera confiado la verdad, si les hubiera permitido afrontar juntos el horror como compañeros, este momento no existiría.
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