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Capítulo 550:
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«Mañana tengo clase temprano», respondió Wendy.
Fernanda asintió con la cabeza. «El bar en el que trabajas parece bastante decente. Buen ambiente, horario flexible. Deberías plantearte quedarte allí a largo plazo».
«Gracias a tu ayuda la última vez, conseguimos resolver una crisis en el bar», dijo Wendy con una sonrisa, rebuscando entre sus cosas. «Y ahora mis compañeros no paran de pedirme que te traiga de vuelta. Hasta ahora, cinco de ellos me han pedido tu información de contacto».
«¿Solo cinco?», Fernanda arqueó una ceja con una sonrisa burlona. «Debo de estar perdiendo mi toque».
Wendy se rió y le dio un golpecito en la cabeza en tono juguetón. —No te preocupes, les he dicho que ya estás comprometida. Oh, deberías haber visto cómo se les rompía el corazón.
Fernanda se rió, pero se detuvo cuando Wendy añadió con naturalidad: —Oh, ¿sabías que Cristian ha vuelto a Litdence?
Fernanda negó con la cabeza. —No. ¿Cuándo?
—Bobby lo ha mencionado hoy. Dice que Cristian volvió ayer por la mañana.
Wendy no se detuvo en el tema y se dirigió al baño con su ropa. Fernanda supuso que era por trabajo. La empresa de Cristian, Vertex Investments, era muy importante, y estar ocupado era parte del trabajo.
Lo que no esperaba era despertarse con un mensaje de Cristian.
«¿Estás libre para cenar esta noche?».
Bosteizando, le respondió: «¿No estabas en Litdence?».
La respuesta llegó casi al instante. «Ya me he encargado de todo. Te he traído una admiradora».
¿Una admiradora? Fernanda sintió curiosidad.
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Esa noche, en el restaurante, finalmente conoció a la tal admiradora. Sentada frente a ella había una mujer con una sombra de ojos morada brillante. La observaba con expresión seria, como si estuviera tasando una antigüedad, y no precisamente muy valiosa.
—Qué pena —dijo finalmente la mujer. Su voz encajaba con su cabello gris, su maquillaje atrevido al estilo occidental y sus tatuajes florales: sensual y madura.
Cristian arqueó una ceja. —¿Qué pena?
—Una mujer tan hermosa y ciega.
Fernanda parpadeó, atónita.
Cristian tosió incómodo. —Estoy seguro de que ve perfectamente.
La mujer parecía genuinamente desconcertada. —Si no es ciega, ¿por qué se interesaría por mi hermano? Debe de tener muy mal gusto.
Antes de que Fernanda pudiera responder, una voz fría cortó el aire. —Evie.
Fernanda se volvió y vio a Bobby acercándose con expresión tormentosa. Se dejó caer en el asiento junto a ella y miró a la mujer con ira. —Repite eso.
Evie se enderezó, imperturbable. —¿Qué? ¿Me equivoco? Tu prometida es muy guapa. No entiendo qué ve en ti, ya que no estás a su altura.
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