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Capítulo 464:
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Si hubiera sabido que la vida se desmoronaría así, habría renunciado con gusto al regalo de la existencia.
Él no había pedido venir a este mundo, y ahora su padre se atrevía a hablarle del deber de un hijo de apoyar a su padre como si fuera una ley inquebrantable.
Qué ironía tan cruel.
Neal permaneció allí tumbado durante lo que le pareció una eternidad, con los pensamientos girando en espiral hacia un abismo, hasta que una repentina oleada de náuseas lo sacudió. Corrió al baño, vomitando violentamente, expulsando los restos de su última comida al vacío.
Su estómago, ahora vacío, se retorcía con los crueles dolores del hambre y la desesperación.
Se echó agua fría en la cara, el hielo lo despertó de golpe, y se apoyó en el lavabo.
Mirando fijamente al espejo, se encontró con su propio reflejo: un hombre consumido hasta los huesos, una sombra de la persona que solía ser.
¿Cómo había llegado a ese estado?
Después de salir del baño, Neal cogió el teléfono del suelo con mano indiferente y lo dejó a un lado. En su lugar, abrió su teléfono para juegos, su único escape, y encontró un mensaje esperando en WhatsApp. Era de su mayor admiradora, a la que él llamaba su novia.
«¿Estás bien? Parecías mal antes de terminar la retransmisión. ¿Ha pasado algo? ¿Era por esa llamada?».
Sus preguntas se sucedían, todas ellas llenas de preocupación.
Neal no pudo evitar sentir una punzada de ironía. Una desconocida que nunca había visto se preocupaba más por su bienestar que su propio padre, el hombre que lo había metido en ese lío.
Apretó los labios mientras miraba el chat, pasando los dedos sin ganas por sus conversaciones pasadas.
Sus chats habían empezado poco a poco, pero con el tiempo se habían convertido en un flujo constante.
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Ella era la novia ideal, nunca le pedía llamadas de voz ni videollamadas, nunca se entrometía en su vida personal. Simplemente compartía fragmentos de su propio mundo, pintándolo con la calidez de sus palabras.
Su nombre de usuario, Cutie, encajaba perfectamente con su personalidad. Su optimismo ilimitado y su actitud dulce a menudo habían sacado a Neal del abismo, como un rayo de sol atravesando las nubes de tormenta.
Al principio, todo era ella: su energía, sus palabras, sus historias. Tenía el raro don de mantener una conversación sin exigir mucho a cambio. Pero poco a poco, Neal se encontró respondiendo, y su vínculo fue creciendo hilo a hilo.
Poco a poco, Neal empezó a responder y su relación se fue estrechando.
Neal sintió que el peso de su corazón se aligeraba al leer sus primeras conversaciones y no pudo evitar sonreír.
Eso fue hasta que ella mencionó que se había gastado una pequeña fortuna en ciruelas negras tan ácidas que le hacían fruncir el ceño. La palabra «dinero» destacó como una bandera roja.
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