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Capítulo 450:
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Parecía un alma frágil, aferrándose al último resto de calor que podía encontrar, y esa imagen tocó algo muy profundo dentro de Fernanda, haciéndole doler el corazón. Sus intentos por alejarse se fueron debilitando poco a poco, y su resistencia se fue relajando.
—No te voy a dejar solo —susurró Fernanda con voz baja y áspera—. Pensé que quizá tendrías hambre, así que quería traerte algo de comer.
—No tengo hambre —murmuró Cristian, sacudiendo suavemente la cabeza y entrecerrando los ojos mientras la miraba—. Solo estaba soñando con el pasado.
Fernanda se quedó en silencio, con la mirada fija en él.
—Bobby te habrá hablado de mi infancia —dijo Cristian en voz baja—. Todos disfrutaban atormentándome… Cuando eres tan joven, eres demasiado ingenuo para entender las cosas, y los otros niños no son diferentes. Se divertían metiéndose conmigo. Pero yo no era de los que se quedaban callados. Cuando me hacían daño, yo les devolvía con más fuerza.
Su voz, áspera y tensa, tenía el peso de los años pasados mientras hablaba de cosas que la mayoría guardaba bajo llave.
—Un día… me echaron de mi casa y me enviaron a Zhota.
Cuando Fernanda oyó el nombre del lugar que una vez había llamado hogar, lo miró con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
La mención de Zhota le trajo un recuerdo: Cristian lo había mencionado antes. En aquel momento, Fernanda se había preguntado cómo alguien como él, de origen acomodado, había acabado en Zhota, una zona tranquila y remota.
«De hecho, pasé mucho tiempo en Zhota», murmuró Cristian, con voz más suave.
«Es donde pasé mi adolescencia».
Una sonrisa repentina se dibujó en el rostro de Cristian, como si las nubes se hubieran disipado y un rayo de sol hubiera irrumpido en la habitación. En ese momento, su frágil apariencia pareció recuperar un poco de vida, como si la sonrisa le hubiera insuflado nueva energía.
Fernanda se sorprendió a sí misma admirando en silencio lo impresionante que se veía, incapaz de apartar la mirada.
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—Fernanda, ¿alguna vez has sentido que estamos destinados a estar juntos? —dijo Cristian, con la mirada fija, casi como si pudiera inmovilizarla. Sus palabras parecían cargadas de significado—. El país es enorme, y sin embargo, de alguna manera, los dos hemos acabado en Zhota. Me hace preguntarme…
Hizo una pausa, apretando los labios mientras sus ojos se oscurecían, absorto en sus pensamientos. Su voz se volvió más suave, más vacilante. —¿Podría ser que nos hayamos cruzado antes?
—Eso no puede ser cierto —respondió Fernanda con firmeza, sin pensarlo dos veces.
Cristian arqueó las cejas con sorpresa. —¿Ah, no? ¿Estás tan segura?
—Por supuesto —respondió Fernanda, con tono firme y seguro—. Si te hubiera conocido antes, no habría podido olvidarlo.
La apariencia de Cristian era tan cautivadora que, incluso en su juventud, habría destacado. Un rostro como el suyo habría causado una impresión duradera en Fernanda si lo hubiera visto antes.
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