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Capítulo 441:
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Sin embargo, en cuanto empezó a hablar, cualquier atisbo de elegancia se desvaneció. —Fernanda, ¿te has enterado de lo último? ¡Han descubierto quién está detrás de todo esto!
—¿En serio?
—¡Es Hertha! —exclamó Sloane, con la voz resonando como si estuviera en una sala enorme y vacía. Su tono alegre habitual se amplificaba en la videollamada—. ¡Ha amañado la votación a tu favor para beneficiarse! Estoy atónita con sus trucos. Parecía tan inocente, ¡y yo incluso voté por ella!
De repente, Sloane se tapó la boca con la mano y se corrigió apresuradamente. «¡Pero no te preocupes, Fernanda! La mayoría de mis votos eran para ti. Ella solo ha conseguido unos pocos. ¡Sigues siendo mi número uno!».
Fernanda, por su parte, no estaba concentrada. Tenía la mirada perdida, como si estuviera absorta en sus pensamientos, mirando algo lejano.
Al oír la noticia de Sloane, Fernanda cogió su tableta y echó un vistazo a los titulares. Tal y como había dicho, Prestige Fashion Group había emitido un comunicado de prensa. Vinson había actuado con rapidez.
El comunicado de prensa se disparó a lo más alto de las noticias de entretenimiento, impulsado por una promoción estratégica.
La revelación causó un gran revuelo.
La narrativa había dado un giro dramático: Hertha, antes percibida como una víctima, ahora se revelaba como la culpable.
Hertha, que antes era considerada el epítome de la inocencia y la ingenuidad, dejó a todos atónitos con sus acciones.
Su reputación, antes tan apreciada, se derrumbó cuando aquellos que antes habían atacado a Fernanda dirigieron su indignación hacia ella.
Hertha se convirtió rápidamente en una marginada, ignorada por todos.
La Universidad de Esaham también respondió con un comunicado en el que, sin nombrar a Fernanda ni a Hertha, destacaba el compromiso de la universidad con la integridad y su estricta política contra las conductas indebidas. Esta declaración no solo abordaba el incidente, sino que también subrayaba los estándares éticos de la institución.
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Aidan fue uno de los primeros en ponerse en contacto con Fernanda al conocer la noticia de la universidad. La llamó inmediatamente.
«Fernanda, ahora que se ha sabido la verdad, tu reputación está restaurada. Estaba seguro desde el principio de que no estabas involucrada. Me alegro de que no hayas traicionado mi confianza. No te preocupes. ¡Ten por seguro que el profesorado y la facultad te apoyan incondicionalmente!».
Fernanda, conmovida por sus palabras, se encontró sonriendo.
Aidan demostró ser un aliado excepcional, firme en su apoyo durante estos momentos difíciles.
En voz baja, ella respondió: «Lo entiendo. Gracias».
«¡Oh, no hay por qué darme las gracias!», respondió rápidamente Aidan. Luego, con un toque de picardía, añadió: «Pero si de verdad quieres darme las gracias, no te lo impediré. Ya sabes…».
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