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Capítulo 387:
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Cristian entró en ese momento y se sentó junto a la ventana, pidiendo una bebida. Wendy lo vio y decidió servirle ella misma.
—¿Qué te parece la actuación de Fernanda? —preguntó Wendy al acercarse. —Es maravillosa, ¿verdad?
Cristian asintió levemente con la cabeza y, con los ojos cerrados, respondió: «Sí, es impresionante».
Wendy le explicó: «La cantante que nos corresponde esta noche no se encuentra bien, así que Fernanda ha venido a echar una mano. Si está pensando en invitarla a salir, quizá tenga que esperar un poco».
«No pasa nada. No tengo prisa», respondió Cristian con calma, esbozando una suave sonrisa. «Por favor, concéntrate en tu trabajo».
Tras aceptar su respuesta, Wendy dejó su bebida y recogió la bandeja. No pudo evitar pensar muy bien de Cristian, cuya presencia parecía sacada de un cuento, tan guapo y elegante.
Wendy creía que Cristian y Fernanda eran muy compatibles. Tanto visualmente como enérgicamente, parecían una pareja perfecta.
Su interacción parecía sincronizada sin esfuerzo.
Wendy, que había llegado a conocer a Fernanda, apreciaba su amabilidad genuina, su sensibilidad, su atención y su lealtad. Sin embargo, Fernanda podía parecer distante e inaccesible al principio. Cristian también tenía un comportamiento que parecía distante.
Era la primera vez que Wendy se había involucrado tanto en contemplar las posibilidades románticas de otra persona.
Mientras regresaba al bar, la puerta de entrada se abrió de golpe, anunciando la llegada de una mujer con el sonido de unas campanas de viento, que recordaban a una ligera brisa de verano.
Wendy echó un vistazo detrás de ella.
La mujer, no especialmente alta pero muy atractiva, lucía unos largos rizos rubios, un flequillo a la moda y unos rasgos refinados. Sin embargo, no había nada en ella que la hiciera destacar. Wendy había visto muchos rostros llamativos pero indistinguibles, memorables individualmente pero imposibles de diferenciar en conjunto.
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Por lo general, esa belleza fugaz no lograba captar el interés prolongado de Wendy, pero esta mujer se dirigió directamente a la mesa de Cristian. Wendy se encontró con la mirada fija en Cristian y la recién llegada, como imantada.
Fernanda, ajena a la llegada de la mujer, seguía concentrada en las cuerdas de su guitarra y no se perdió el momento en que se unió a Cristian en su mesa.
Cristian levantó la vista hacia la mujer y le preguntó sin mucho interés: «¿Cómo me has encontrado?».
«He visto tu coche fuera», respondió la mujer, inclinando la cabeza con confianza. «Los bares no son tu ambiente, y pensé que quizá habías venido aquí para dar vueltas a tus problemas. He entrado solo para asegurarme de que estabas bien».
Cristian permaneció en silencio, recostándose y cerrando los ojos contra el respaldo del sofá. Para él, el sonido de Fernanda tocando la guitarra tenía más encanto que cualquier conversación.
La sala quedó en silencio, lo que atrajo la atención de la mujer hacia la melodiosa guitarra. Miró hacia allí y vio a Fernanda sentada en un taburete alto.
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