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Capítulo 365:
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—Lo entiendo —respondió Kevin en voz baja.
Esta disculpa no solo servía como validación, sino también como motivación. Si se enfrentaba a una prueba similar en el futuro, independientemente de si la víctima era su hermana o un desconocido, estaba decidido a defenderla. No importaba lo fuerte o complicado que fuera el enemigo, se mantendría firme en su compromiso de hacer lo correcto.
Se trataba de justicia, pura y simple.
La justicia es algo precioso, que hay que proteger y que nunca debe ser pisoteada por aquellos que tienen influencia.
Una oleada de claridad invadió a Kevin, sus mejillas se sonrojaron y sus pensamientos se agudizaron a pesar del dolor. Una suave sensación de validación comenzó a llenar su corazón. Así que eso era lo que se sentía al ser apoyado y reconocido.
Observó la elegante figura de Fernanda que caminaba delante de él; su delicada apariencia contrastaba con su formidable espíritu, intrépido y decidido. Era realmente una hermana mayor increíble.
El viaje de vuelta a casa con Fernanda fue una nebulosa para Kevin. Su mente se aceleró con pensamientos, aunque no podía recordar ninguno con claridad. Sin embargo, sintió que su resentimiento hacia Fernanda se disipaba lentamente.
En la sala, Michelle y Erika lloraban juntas, mientras Héctor permanecía en silencio, sentado a un lado. Al llegar, Héctor le hizo un gesto de complicidad a Fernanda.
Sin decir nada a nadie, Fernanda se dirigió directamente a su habitación. Miró el reloj —eran casi las cinco— y dudó si molestar a Cristian, pero optó por enviarle un mensaje conciso.
«He atropellado a un familiar tuyo».
En menos de un minuto, Cristian la llamó. Fernanda contestó de inmediato.
La voz de Cristian era severa, con un tono irritado, como si estuviera a punto de exigirle una explicación. «¿A quién has atropellado?».
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Fernanda sintió una gran decepción en el pecho.
Estaba claro que él tenía sus prejuicios; ni siquiera le había pedido detalles antes de ponerse del lado de su familiar.
—No estoy segura —respondió Fernanda con tono mesurado—. No quiso decirme su nombre.
—Está bien, lo entiendo —dijo Cristian, con voz que indicaba que estaba listo para terminar la llamada.
—¿Qué es lo que entiendes exactamente? —insistió Fernanda, ansiosa por una aclaración. ¿Acaso planeaba confrontarla por el incidente?
—Voy a averiguar a quién atropellaste —dijo Cristian. «Y me aseguraré de que pruebe su propia medicina».
Fernanda se sorprendió por su declaración.
«¿Por qué motivo?», preguntó, tomada por sorpresa.
Cristian no se detuvo. «Porque si te sentiste obligada a golpearlo, seguramente se lo merecía. ¡Cualquiera que te provoque está buscando problemas!».
Fernanda se tocó la mejilla pensativa. Se dio cuenta de que se había equivocado al dudar de él antes. Cristian había demostrado que no era como los demás.
Intentando parecer indiferente, Fernanda apretó los labios, pero una sonrisa se dibujó en su rostro.
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