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Capítulo 360:
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Ector comenzó a hablar de nuevo, pero Fernanda lo interrumpió.
Su sonrisa se amplió y, con un tono lento y burlón, dijo: «¿No me consideras tu hermana?».
«¡Por supuesto que no, nunca lo haré!», siseó Kevin.
Sonriendo, Fernanda dijo: «Deja de fingir. En tu corazón, ya me has aceptado como tu hermana».
Kevin se estremeció, como un gato al que le han pisado la cola, y dio un salto de sorpresa. Pero después del altercado, le dolía todo el cuerpo y no podía levantarse. Se tambaleó y se derrumbó de nuevo en el sofá, jadeando incómodo.
Su rostro se puso rojo, ya fuera por el dolor o por otra cosa, y le empezaron a latir el cuello y las orejas.
—No… no te hagas ilusiones —tartamudeó Kevin, demasiado conmocionado para hablar con claridad—. ¡Nunca te aceptaré, nunca!
—¿Por qué? ¿No soy tu hermana? —preguntó Fernanda, sin perder la sonrisa.
Kevin se quedó sin palabras.
Fernanda era su hermana.
Pero se negaba a admitirlo.
Sentía como si su secreto más profundo hubiera quedado al descubierto, y Kevin se sintió abrumado por la incomodidad y la vergüenza.
El tiempo pareció detenerse y el aire se volvió ardiente, quemándole la cara y el corazón.
La habitación estaba en silencio y Kevin podía oír los latidos de su corazón retumbando en sus oídos.
¿De verdad se sentía así?
¿Realmente había aceptado a Fernanda en su corazón?
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¿Cómo era posible, cuando era evidente que la despreciaba tanto?
Los pensamientos de Kevin se rebelaron, pero las preguntas directas de Fernanda parecían despojarlo de toda la confianza que había construido con tanto cuidado. ¿Cómo podía siquiera empezar a responder?
Él y Fernanda compartían el mismo padre, por lo que eran hermanos, a pesar de que él se negaba a reconocerla como tal. Una ola de vergüenza lo invadió, dejándolo inquieto en su asiento.
Héctor, que estaba cerca, miró a Fernanda con una sonrisa cómplice. Sus miradas se cruzaron brevemente, intercambiando un entendimiento silencioso.
Erika, siempre rápida en reaccionar, rompió el silencio con un estallido repentino. «¡Oye, Fernanda! ¿De verdad crees que Kevin quiere llamarte hermana? ¡Te estás engañando a ti misma!».
Sin perder el ritmo, Erika se volvió hacia Kevin y alzó la voz. «¡Kevin, dilo! ¡Dile que la detestas tanto como yo!».
Kevin había dicho esas palabras muchas veces antes, especialmente cuando Fernanda había regresado. En aquella época, él estaba en un campamento de verano en el extranjero y Erika no paraba de llamarle por teléfono para quejarse de Fernanda. Unidos por el desprecio, Kevin y Erika habían destrozado a Fernanda con sus duras críticas.
Pero ahora, esas palabras se negaban a salir. Kevin abrió la boca, pero no le salió nada. Era como si le hubieran encadenado la voz y las palabras se le hubieran atascado en la garganta.
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