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Capítulo 347:
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«Probablemente no quiera verme», murmuró Mayson, con la voz cargada de tristeza.
—Vamos juntos —sugirió Vinson con delicadeza—. Mamá y papá dijeron que este año es importante, es su celebración de la mayoría de edad. Quizá no quiera que haya nadie desconocido, así que hagámoslo en familia, sin hacer mucho ruido. Deja tu agenda libre y no hagas otros planes.
Mayson asintió, aunque sentía el corazón como una piedra que se hundía en su pecho. —De acuerdo. —Tragó saliva con dificultad, luchando contra la ansiedad que se apoderaba de él y le oprimía la garganta. Una vez que Vinson se hubo marchado, la mente de Mayson empezó a dar vueltas. Entonces, como un destello repentino en la oscuridad, recordó que tenía que darle la buena noticia a Erika.
Cuando Erika respondió a su llamada, su emoción era evidente.
—¡Mayson, eres increíble! ¿Ya lo has terminado? ¡Eres increíble!
Mayson sintió que le ardían las mejillas por los elogios, un poco avergonzado, pero secretamente complacido.
—¿Cuándo será? —preguntó Erika, con la voz prácticamente burbujeante de impaciencia.
—Te lo diré en cuanto mi hermano lo termine. Como es una empresa conjunta, hay algunos detalles que ultimar. Puede que tarde un par de días.
—De acuerdo —dijo Erika rápidamente, asintiendo con la cabeza.
«No hay prisa».
Pero sus palabras no podían ocultar la impaciencia que bullía en su interior. Estaba deseando terminar todo y presentarle el contrato a su padre. Por fin podría demostrarle que tenía más que ofrecer.
Su hermano siempre decía que era demasiado infantil, pero ahora podría demostrarle que se equivocaba. Podría valerse por sí misma y demostrar que podía marcar la diferencia.
Dos días más tarde, durante un ensayo para el festival de música, Mayson le comentó casualmente a Erika que su hermano había redactado el contrato y que, si todo iba según lo previsto, lo firmarían el sábado.
Erika sintió una oleada de emoción. «Sábado», pensó con una sonrisa. Era el día en que por fin podría volver a casa y disfrutar de la expresión de Fernanda cuando se derrumbara por la frustración y la derrota.
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Para Erika, los días previos al sábado se le hicieron eternos. No podía evitar contar mentalmente cada minuto que faltaba para que llegara el gran día.
Cuando por fin entró por la puerta de su casa, encontró a Robert y Ector recostados en el sofá, absortos en una conversación.
El rostro de Robert aún reflejaba la pesadez de una tormenta, y Ector parecía alguien que no había dormido bien en días.
La verdad era que Ector había estado trabajando sin descanso, supervisando personalmente varios acuerdos y firmando contratos.
Aunque estos acuerdos eran mucho más modestos que los que habían negociado con el Grupo Bloom, seguían siendo una promesa de nuevas oportunidades.
Ector esperaba que estos nuevos acuerdos sirvieran para calmar la ira latente de Robert y apagar el fuego de la insatisfacción que ardía en su pecho por la imprudencia de Fernanda.
La visión de los contratos mejoró un poco el humor de Robert, pero cuando vio lo cansado que parecía su hijo, su frustración se reavivó. Si no hubiera sido por las imprudentes acciones de Fernanda, ¿estaría su hijo en ese estado de agotamiento?
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