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Capítulo 296:
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Bobby, con los ojos ardientes de furia, le dio un último puñetazo antes de soltar a Rafael.
Se limpió la cara y le dio unas patadas furiosas al ensangrentado Rafael, con la rabia aún hirviendo en su interior.
—Te lo has buscado tú mismo —se burló Bobby, señalando la cara destrozada de Rafael—. Eres una vergüenza.
El significado de sus palabras quedó implícito en el aire: ¡ningún hombre decente se rebajaría tanto como para usar tácticas tan viles contra una mujer!
Antes, Fernanda había reproducido una grabación en su teléfono. Wendy, que estaba charlando con Bobby en ese momento, había pulsado el botón de mensaje de voz y se lo había enviado.
Oír las palabras venenosas de Rafael casi había sumido a Bobby en una rabia ciega. Ya se dirigía a la villa, pero después de eso, pisó el acelerador y condujo como un poseso.
Tras la prolongada batalla, Bobby jadeaba con dificultad, con respiraciones entrecortadas.
Fernanda lo guió hasta un sofá y le inspeccionó con delicadeza los nudillos magullados e hinchados, testimonio de la fuerza de su furia.
—No es nada grave. Podéis volver a la cama —dijo Jeff, despidiendo con un gesto a la gente que se había congregado.
El rostro magullado de Rafael contaba una historia muy diferente, pero los curiosos, intuyendo que no era asunto suyo, se dispersaron sin insistir en conocer los detalles. Jeff llamó a dos amigos íntimos y les pidió que llevaran a Rafael al hospital.
Los hombres asintieron, conscientes de la gravedad de la situación. «No te preocupes, Jeff. Te avisaremos cuando lleguemos», le aseguró uno de ellos.
Jeff les dio las gracias con un gesto de cansancio.
Una vez que Rafael desapareció de su vista, Jeff se dejó caer en el sofá con un profundo suspiro.
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«¿Qué te trae por aquí, Bobby?», preguntó Jeff, intentando mantener un tono educado.
Bobby, aún enfadado, miró a Jeff con frialdad. —Si no hubiera venido, ¿qué le habría pasado a mi amiga gracias a tus supuestos amigos? Si yo no la defiendo, ¿quién lo hará? Aunque Bobby utilizó la palabra «amiga», todos conocían la verdad sobre su relación con Fernanda.
Su prometida había estado a punto de sufrir un daño grave, y su indignación estaba más que justificada.
Bobby no estaba de humor para cortesías con Jeff.
Los dos hombres no tenían historia, pero Bobby no había olvidado haber visto a Jeff merodeando alrededor de Fernanda en el campus.
Eso le había molestado y había sembrado la semilla de la desconfianza.
—No puedo discutir contigo. Deberíamos haber tenido más cuidado —admitió Jeff, con voz gélida.
Las piezas del rompecabezas estaban encajando ahora.
Unos días antes, un amigo les había sugerido que pasaran el fin de semana en esa villa e incluso había animado a Jeff a que invitara a Sloane y a sus amigas para animar la velada.
En retrospectiva, estaba claro que ese amigo había actuado siguiendo las órdenes de Rafael. El círculo universitario de Sloane incluía a Fernanda y su grupo, y Rafael debía de haber contado con que Sloane les invitara.
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