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Capítulo 276:
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«Bien hecho», respondió Cristian. «Mañana enviaré a alguien al aeropuerto para que las vigile. También organizaré la vigilancia en el país de destino para asegurarme de que Ava no te cause más problemas».
Fernanda esbozó una leve sonrisa. «Yo también estaré en el aeropuerto mañana».
Quería presenciar personalmente la partida de Ava.
El vuelo de Ava estaba programado para las 10 de la mañana, y Fernanda llegó a la terminal del aeropuerto a las 9.
La acompañaban Soren y algunos miembros de su equipo.
—Aún no han llegado —dijo Soren—. Llevamos aquí desde el amanecer. Todavía no hay rastro de ellos.
Apenas diez minutos después, apareció Ava.
Hunk y Joselyn estaban allí para despedirla, cargando con varias maletas grandes.
Los tres se dirigieron directamente al mostrador de facturación.
Ava llevaba unas gafas de sol grandes, que solo se quitó al acercarse al control de seguridad.
Abrazó con fuerza a Hunk y Joselyn, con los ojos hinchados y enrojecidos por una noche de lágrimas.
Una vez más, las lágrimas rodaron por las mejillas de Ava.
Estaba claramente asustada por la perspectiva de pasar los próximos años en un país extraño.
Al ver a Ava derrumbarse en lágrimas, el corazón de Joselyn se hizo pedazos.
—Mamá, no quiero irme —gritó Ava.
Joselyn no encontró palabras para responder; solo lloraba en silencio junto a su hija.
Hunk no derramó lágrimas, pero la profunda tristeza en sus ojos mientras observaba a Ava era evidente.
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La noche anterior, Joselyn le había revelado a Hunk que le había dado en secreto a Fernanda el uno por ciento de las acciones de la empresa.
Hunk se había enfurecido.
Para complicar aún más las cosas, Cristian lo llamó personalmente esa misma noche para hablar sobre el proyecto.
La conversación de Cristian estaba plagada de amenazas veladas. Si Ava no se marchaba, el Grupo Ross quedaría completamente excluido del contrato del proyecto.
Sin otra opción y en medio de los sollozos agonizantes de Ava, ordenaron a los sirvientes que le hicieran las maletas durante toda la noche.
Al principio, habían barajado la idea de encontrar una solución para mantener a Ava a salvo sin tener que enviarla lejos. Sin embargo, dadas las circunstancias, Hunk ya no confiaba en esos planes. No podía arriesgar el bienestar de su negocio.
Para Hunk, su negocio era lo primero, seguido muy de cerca por su familia.
La llamada personal de Cristian dejó claro que estaba vigilando de cerca a Ava. Hunk sabía muy bien que no debía intentar nada mientras Cristian estuviera tan atento.
A medida que se acercaba el momento de pasar el control de seguridad, Ava permanecía clavada en el suelo, llorando desconsoladamente.
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