✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 258:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
—¡No, no! —Bobby agitó las manos, con pánico palpable—. Es solo que… después de que os fuisteis, no pude quitarme de encima esta mala sensación. Me preocupaba que pudiera pasar algo, pero me quedé atascado con el papeleo y no pude seguir. No tuve más remedio que ver cómo os ibas.
Sin decir palabra, Wendy lo esquivó, con un desinterés tan agudo como una navaja.
—Wendy, espera…
—¡Lárgate! —Le señaló directamente la nariz con el dedo, con voz gélida e inflexible—. Si sigues molestándome, llamaré a seguridad. Esto es una residencia, no tu lugar de reunión. Si me acosas aquí, te echarán. No hagas el ridículo.
—Solo quería…
Pero Wendy lo empujó y salió corriendo hacia la entrada del dormitorio. Dentro del vestíbulo, un miembro del personal estaba en su puesto, asegurándose de que Bobby no pudiera seguirla.
Exhaló un largo suspiro de derrota, con la frustración grabada en el rostro. ¿Cómo podía arreglar las cosas con Wendy? ¿Eran algunos errores realmente imperdonables?
Desanimado, se quedó fuera, aunque una pequeña parte de él se sentía aliviada al saber que Wendy y Fernanda habían regresado ilesas. Quizás su ansiedad había sido innecesaria.
A las cuatro en punto, Fernanda llegó a Birch Road.
La carretera estaba peor de lo que recordaba. Los baches salpicaban la superficie como cráteres, sacudiéndola con cada golpe y traqueteo de la moto. En un momento dado, un contenedor volcado bloqueó la mitad de la carretera, obligándola a desviarse por un camino que se adentraba en zonas más desoladas.
El paisaje se volvió sombrío. Edificios abandonados se alineaban a lo largo de las calles, flanqueados por montones de basura que parecían atraer a todas las moscas de la ciudad. Incluso a través del casco, el hedor era sofocante.
Su único consuelo era saber que unas cuantas curvas más la llevarían al callejón detrás de su oficina.
Pero al tomar una curva, un perro callejero se cruzó en su camino, obligándola a frenar en seco. La moto derrapó ligeramente antes de detenerse. El perro se quedó inmóvil, mirándola con ojos recelosos. Ella tocó el claxon, pero no se movió, con la mirada fija en ella.
Continúa tu historia en ɴσνєℓα𝓼4ƒ𝒶𝓷.c♡𝓂 con lo mejor del romance
Fernanda suspiró. «Ahora no tengo comida. Vuelve más tarde y te traeré unas salchichas».
Sus palabras se apagaron cuando unas figuras surgieron de un callejón cercano. Llevaban gorras y máscaras, y empuñaban palos de madera mientras se acercaban a ella.
Fernanda frunció el ceño, indecisa al principio. Seguro que no iban por ella, no recordaba haber cruzado a nadie que pudiera enviar matones a por ella. Pero cuando la rodearon, cualquier duda se desvaneció.
—¿Qué queréis? —preguntó con voz aguda.
El líder dio un paso adelante, la agarró por el brazo y la tiró de la moto. Esta cayó al suelo con un ruido metálico, que hizo que el perro callejero saliera corriendo.
—¿Así que alguien te ha contratado para liquidarme? —dijo Fernanda con frialdad, mientras su mente encajaba las piezas en un instante.
El líder no respondió, sino que le dio un puñetazo en la cara. Era un tipo fornido, y su puño golpeó con la fuerza de un martillo, capaz de romperle la nariz con facilidad.
Fernanda reaccionó instintivamente. Apretó el puño y le dio un golpe justo debajo del cinturón.
.
.
.