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Capítulo 224:
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En ese momento, Bobby no entendía por qué quería hacerse fotos con él, pero no le importaba. No iba a dejar pasar la oportunidad de hacerse una foto con ella.
Así que se hicieron varias fotos juntos.
Bobby incluso le preguntó por qué no usaban el flash, dudando de que las fotos salieran bien en la oscuridad. Pero ella no se lo explicó.
«Sí, ese soy yo, pero estoy con un amigo», dijo Bobby. «No es con la persona de la que estáis hablando…».
Justo cuando iba a continuar, Bobby se detuvo de repente a mitad de la frase. Un momento.
¿Qué acababan de decir? Habían mencionado que esa foto era la prueba de que la hija mayor de la familia Morgan había hecho algo malo, pero ahora, de alguna manera, se había convertido en una foto de él y ella solos.
Al ver la sonrisa de Robert, que brillaba como el sol de primavera, Bobby finalmente lo entendió, aunque le llevó un momento darse cuenta.
Bobby saltó del sofá, sorprendido, y corrió hacia Robert. Lo agarró por el hombro y le preguntó con urgencia: «¿Quiénes son los de esta foto?».
Robert se quedó momentáneamente atónito ante la intensa reacción de Bobby. Tras una breve pausa, respondió: «Sois tú y Fernanda».
Robert estaba confundido. ¿Qué le pasaba a Bobby? ¿Estaba perdiendo la cabeza?
«¿Esta es Fernanda? ¿Estás diciendo que esta es tu hija, Fernanda Morgan?». Bobby apretó con más fuerza el teléfono, y sus nudillos se pusieron pálidos, como si fuera a aplastarlo entre sus manos.
«Por fin lo has descubierto».
En ese momento, una voz suave y familiar resonó desde la escalera, una voz que Bobby conocía muy bien. Levantó la vista y allí estaba ella: Fernanda, bajando las escaleras con una elegancia que llamó inmediatamente su atención.
Llevaba un vestido largo de gasa, cuyos delicados tirantes resaltaban sus elegantes curvas. Las suaves líneas de sus hombros y sus llamativos collarbones resaltaban aún más contra su sedoso cabello negro.
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La mano de Bobby se aflojó y el teléfono de Erika se le resbaló de los dedos, cayendo al suelo. Esta vez, la pantalla se rompió irremediablemente.
«Fernanda, ¿por qué has bajado tan tarde?», preguntó Robert con tono juguetón. «Casi nos equivocamos y pensamos que estabas con otro chico a espaldas de Bobby».
Fernanda reprimió una sonrisa burlona. Si no hubiera calculado bien el momento de entrar, ¿cómo habría podido Erika llevar a cabo su pequeño plan?
Respondió con indiferencia: «Me dolía el tobillo y tuve que masajearlo, y me llevó más tiempo de lo que esperaba».
Robert se apresuró a acercarse a ella, con evidente preocupación en su voz. —¿Estás bien ahora?
—Estoy bien —dijo Fernanda, caminando con indiferencia hacia el sofá y sentándose.
Mientras se acomodaba en el sofá, Fernanda vio el teléfono de Erika a sus pies y lo cogió con indiferencia.
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