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Capítulo 164:
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Fernanda no veía sentido en discutir.
Le dio las gracias a la joven y se desplazó hacia la derecha, donde la multitud le hizo sitio. Fernanda avanzó con cuidado hacia la puerta de cristal al fondo.
Apoyada en la puerta, tecleó la contraseña. Cuando la puerta se abrió, una voz atronadora desde el altavoz del techo anunció: «¡Bienvenida, señorita Morgan!».
Fernanda se quedó desconcertada.
No podía entender el diseño. ¿Era realmente necesario todo este teatro? La gente que esperaba fuera del ascensor se volvió para mirar. De pie dentro de la puerta de cristal, Fernanda se sintió como si estuviera expuesta en un zoológico. El hombre que había estado gritando antes se quedó paralizado, sin palabras.
Fernanda lo miró con una sonrisa y dijo: «Aquí todos somos personas respetables. Cuando alguien dice «disculpe», lo dice en serio. Nadie se cuela en la fila».
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Fernanda entró, dejando el espacio detrás de la puerta de cristal vacío una vez más.
Varias personas se volvieron para mirar al hombre, que se sonrojó. Murmuró: «¿Cómo iba a saber que era una alta ejecutiva?». El ascensor llegó a la duodécima planta y Fernanda salió. La oficina de Entertainment Today estaba a rebosar, con el personal trabajando en comunicados de prensa y actualizaciones.
«¿Está Rosita hoy?», preguntó Fernanda a la recepcionista.
«Sí, ya está aquí».
«Gracias, voy a buscarla», respondió Fernanda mientras se dirigía a la oficina de Rosita.
Justo cuando Rosita terminaba de prepararse una taza de café y encendía el ordenador, oyó que llamaban a la puerta.
Pensando que era su secretaria que llegaba al trabajo, se sorprendió al encontrar a Fernanda en la puerta.
En cuanto vio a Fernanda, la expresión de Rosita se volvió fría al instante.
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«¿Qué te trae por aquí?», preguntó Rosita con voz gélida.
Ver a Fernanda de nuevo le recordó a Rosita la vergüenza que había sentido al ser engañada hacía solo unos días, una frustración que aún persistía.
Rosita no podía creer que alguien mucho más joven que ella hubiera conseguido esconder un dispositivo de grabación de forma tan inteligente. Fue un golpe para su orgullo.
—He venido a hacer una inspección —dijo Fernanda, acercándose al sofá y sentándose con una sonrisa—. Parece que no has visto el aviso de cambio de personal de la sede central.
—¿Qué aviso? —preguntó Rosita, cada vez más confundida. No tenía ni idea de a qué se refería Fernanda.
En lugar de responder directamente, Fernanda sacó su teléfono, abrió el correo electrónico de la empresa y envió un aviso.
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