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Capítulo 156:
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La ansiedad y la vergüenza de Bonita se reflejaban en su rostro, mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos, amenazando con derramarse. Pero las contuvo, temiendo que él dirigiera su ira hacia sus amigos.
Wendy no se inmutó. En cambio, se inclinó sobre la mesa y agarró el brazo del chico. Con un tirón firme, apartó su mano de la cara de Bonita.
El chico maldijo en voz alta, retirando el brazo bruscamente y abofeteando a Wendy con fuerza en la cabeza.
Le señaló con el dedo a la cara, con voz amenazante. —¡Te he dicho que te metieras en tus asuntos! ¡No me hagas hacerte daño!
El pelo de Wendy se despeinó con la bofetada. Sin decir nada, levantó una mano y se lo arregló.
No miró al chico. En cambio, dirigió la mirada a Sloane. —¿Ya has terminado? —preguntó con frialdad.
Sloane parpadeó, sin saber por qué le preguntaba eso de repente. —Sí, ya…
—Ya has terminado —respondió ella. Wendy se puso de pie.
Sus fríos ojos se encontraron con los del chico, y una leve y escalofriante sonrisa se dibujó en sus labios. Con un movimiento rápido, lo agarró por la nuca y le empujó la cabeza hacia abajo, golpeándola contra el plato que tenía delante.
El chico gritó y se puso en pie, con restos de comida pegados al pelo enmarañado.
Fernanda no pudo contenerse y se echó a reír como una ola incontrolable.
—¿Qué te hace tanta gracia? —ladró él, señalándola con el dedo, con el rostro enrojecido por la rabia.
—Me estás haciendo gracia —dijo Fernanda, con voz aún teñida de diversión—. Estás ridículo. ¿Qué más te da que me ría? Haré lo que me dé la gana. Preocúpate por lo tuyo o lo lamentarás.
Sus palabras, rebosantes de burla, encendieron su furia como una chispa en leña seca.
Con un estallido repentino, arremetió contra la mesa y la tiró al suelo con una patada.
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Los clientes cercanos soltaron gritos ahogados y chillidos, y sus conversaciones dieron paso a murmullos de miedo.
El camarero, intuyendo que la situación se estaba descontrolando, rápidamente buscó su teléfono para llamar a la policía.
—¡Estúpida! ¿Quieres morir? —rugiendo, el chico lanzó una patada hacia Wendy. Pero ella esquivó con facilidad su torpe ataque.
—¡Chicos, enseñadles a estas chicas insolentes lo que pasa cuando se meten con nosotros! —ladró a su pandilla, con los ojos inyectados en sangre fijos en Bonita como si fuera su presa.
El camarero intentó intervenir, con tono tranquilo pero urgente, pero sus intentos se vieron ahogados por una lluvia de insultos y palabrotas.
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