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Capítulo 133:
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Sorprendida por lo bien que la había calado, Fernanda lo miró fijamente, con los pensamientos dispersos por un momento.
Su reacción no hizo más que confirmar las sospechas de Cristian.
—Sí que quiero una carrera —admitió, mirando por la ventana y conteniendo ligeramente la respiración—. Pero aún no sé qué camino tomar.
Cristian la miró fijamente. —Yo puedo indicarte el camino correcto.
—¿Cuál es? —preguntó Fernanda.
En lugar de responder, Cristian se reclinó en el asiento y esbozó una sonrisa burlona. —Lo sabrás en un momento.
El coche entró en un tranquilo barrio residencial y finalmente se detuvo frente a un edificio de apartamentos.
Fernanda miró a su alrededor y reconoció el barrio. Aunque no estaba lleno de grandes mansiones, era una zona conocida por su riqueza. Los apartamentos dúplex de allí eran muy amplios, lo que los convertía en los favoritos de los jóvenes profesionales en ascenso.
Cuando el coche se detuvo, Cristian salió primero, sin prisa. Con un gesto caballeroso, dio la vuelta y le abrió la puerta a Fernanda.
Fernanda se detuvo un momento antes de salir, observando los alrededores con curiosidad. «¿Dónde estamos?», preguntó.
Cristian esbozó una suave sonrisa. «En mi casa», respondió simplemente.
Fernanda frunció el ceño y su expresión se tornó conflictiva al instante.
—No puedo ir a tu casa —protestó.
La situación le parecía absurda. Como prometida de Bobby, técnicamente era prima política de Cristian. ¿Qué pensaría la familia de Cristian si la veían en su casa?
Aunque ella y Cristian no eran más que amigos, sabía lo fácil que era para los demás tergiversar la realidad.
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Cristian notó la mezcla de vacilación y desaprobación en su rostro y le pareció extrañamente encantador. Se rió entre dientes y bromeó: —Tranquila. Vivo solo, no hay nadie más aquí.
—Eso no cambia nada —argumentó Fernanda—. Estar solos juntos podría dar lugar a malentendidos.
Cristian arqueó una ceja, con tono juguetón. —¿Qué, crees que te voy a comer…?
—¿Estás vivo?
Fernanda le lanzó una mirada que parecía decir: «No es del todo imposible».
Cristian suspiró, frotándose la frente con una mezcla de exasperación y diversión. «¿De verdad piensas tan mal de mí, Fernanda? ¿Que soy una especie de sinvergüenza que se aprovecha de las mujeres?».
Fernanda dudó, dándose cuenta de que quizá estaba exagerando. Cristian era el tipo de hombre que podía tener a cualquier mujer que quisiera. ¿Por qué iba a estar interesado en ella?
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