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Capítulo 132:
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Neal dejó el guiso que quedaba en las manos de Alex, dio media vuelta y se marchó.
Mientras regresaban, Levi y Alex asumieron con naturalidad el papel de guías gastronómicos y les señalaron los mejores sitios para comer en la calle. Describieron las especialidades de cada restaurante con el entusiasmo de expertos conocedores.
No era ningún secreto: cualquier restaurante que lograra mantenerse en funcionamiento cerca de una escuela tenía que ser excepcional para sobrevivir a la competencia.
De vuelta a las puertas de la escuela, un elegante coche negro de lujo estaba aparcado, irradiando una elegancia discreta.
—Id vosotros —dijo Fernanda, con la mirada fija en el vehículo—. Tengo que salir un momento.
Reconoció el coche de Cristian y se acercó cuando la puerta trasera se abrió. Al entrar, se encontró con su mirada fija. Cristian miró a Wendy y a los demás que estaban fuera antes de esbozar una leve sonrisa. —Veo que estás haciendo amigos entre tus compañeros de clase.
—Solo con los que ya conocía —respondió Fernanda con naturalidad mientras el conductor arrancaba—. A los demás aún no los conozco.
Sus ojos recorrieron las líneas marcadas del perfil de Cristian antes de inclinar la cabeza, con un brillo travieso en los ojos. —¿Qué te trae por aquí? ¿Has venido hasta aquí solo para verme?
Cristian asintió con la cabeza, yendo directo al grano. —¿Fuiste ayer a Bright Lights Media?
Ella arqueó las cejas. —¿Cómo lo sabes?
—Estaba en casa de mi primo y escuché a mi tía por teléfono —dijo Cristian, arremangándose las mangas con una precisión casual que dejaba al descubierto unos antebrazos delgados y definidos.
—Ya veo —murmuró Fernanda, atando cabos—. Sí, pasé por allí porque su medio de comunicación ha estado informando mucho sobre mí. Quería conocerlos y averiguar quién está detrás de todo esto.
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—Buena idea —le lanzó una mirada de aprobación—. ¿Descubriste quién está detrás?
La mirada de Fernanda se posó en sus profundos ojos. Sus labios se curvaron levemente y el brillo de un botón dorado en su camisa le dio un toque de sofisticación. Sus miradas se cruzaron en un entendimiento silencioso.
La mención de Cristian a su tía lo dejaba claro: él sabía que la mente maestra era Judie.
—¿Cuál es tu próximo paso? —preguntó Cristian, con tono mesurado.
—Aún no lo sé —respondió Fernanda, guardándose para sí sus planes de entrar en el mundo de los medios de comunicación. No quería que él malinterpretara sus ambiciones como una petición de ayuda.
Pero Cristian, como siempre, parecía ir un paso por delante. —¿No quieres hacer algo? ¿Como… construir una carrera?
Sus palabras le tocaron la fibra sensible. Cristian siempre la había calado, reconociendo que no era alguien que se conformara con lo normal. Una vida universitaria tranquila y predecible no estaba en sus planes. Sus ambiciones eran más profundas, más agudas.
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