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Capítulo 130:
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«¿En serio?», preguntó ella, levantando una ceja y mirándolo con recelo.
«Sí», confirmó él con un gesto firme, tratando de parecer convincente.
La chica se levantó de repente de su asiento.
Mientras Neal seguía comiendo, se sobresaltó al oír un fuerte golpe delante de él. Levantó la vista y vio un enorme cuenco delante de él, rebosante de brillante cerdo estofado.
La chica aplaudió con aire victorioso, con una amplia sonrisa. «Adelante, te he pedido todo el cerdo estofado que han hecho hoy. Come todo lo que quieras».
Neal se quedó mirando el cuenco gigante y, al ver tanta comida, sintió que el estómago se le revolvía. Quería alejarse de aquella chica a toda costa.
¿Dónde estaban Fernanda y sus compañeros de piso? ¿Por qué no habían aparecido aún para salvarlo de aquella pesadilla?
En el restaurante de al lado, Fernanda y sus tres acompañantes ocupaban una mesa apartada en un rincón y ya habían comido la mitad.
La pasta de allí era una revelación. A pesar del vapor que se elevaba de los platos, el aire helado del aire acondicionado hacía que la sala no pareciera nada cálida.
Levi y Alex miraron la pasta de Fernanda, cuya superficie brillaba con un tono carmesí debido al aceite de chile. Solo con verlo, les brotaron gotas de sudor en la frente.
Parecía picante, incluso peligroso, solo con mirarlo, por no hablar de probarlo. Sin embargo, Wendy no parecía inmutarse. Hace tiempo que se acostumbró al gusto de Fernanda por las especias.
«¿Qué pasa con Neal?», preguntó Fernanda, girando el tenedor. «Esa chica que acabamos de pasar, es la que está enamorada de él, ¿verdad?».
Levi y Alex asintieron al unísono. Levi sacó su teléfono, buscó en la galería y se lo pasó a Fernanda.
Wendy se inclinó, con los ojos llenos de curiosidad.
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En la pantalla se veía una imagen de un enorme corazón hecho completamente con rosas azules, colocado debajo de la ventana del dormitorio de Neal. Encima, una pancarta ondeaba con unas palabras en negrita: «Neal, ¡me gustas!».
Fernanda esbozó una sonrisa irónica. —Así que le está confesando su amor, ¿no?
Levi y Alex volvieron a asentir.
—Menudo espectáculo —comentó Wendy—. Las rosas azules no son baratas. Para reunir tantas, debe de tener mucho dinero.
—Exactamente lo que pensábamos —dijo Levi—. Le hemos estado diciendo a Neal que debería seguirle el juego. Imagínate: salir con una chica rica. Podría…
—Asegurarse una vida cómoda y una carrera. Hablar de vivir el sueño.
«¿Cómo lo conoció?», insistió Fernanda.
Levi y Alex se miraron y negaron con la cabeza al unísono.
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