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Capítulo 973:
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Fernanda se rió. «¿Por qué iba a odiarte?».
Kevin dudó. «Por mis padres», murmuró, mirando al suelo. «Pensaba… que nunca te había gustado de verdad».
Fernanda cruzó las piernas y le sonrió. —Eso no es cierto. Siempre me has gustado. Nos conocemos desde hace años.
La voz de Kevin se redujo a un murmullo. —No ha pasado tanto tiempo…
Fernanda había planeado ser sincera con él hoy. Era el momento. Kevin se encontraba en un momento delicado de su vida. En ese momento, más que nada, necesitaba apoyo.
Admirar a Fernanda era una cosa, pero la admiración por sí sola no era suficiente. Su conexión aún era demasiado débil.
Necesitaban algo real, algo sólido, para fortalecerla.
Sin decir nada, Fernanda sacó su teléfono, tocó la pantalla varias veces y se lo entregó.
Kevin tomó el teléfono, confundido. Pero en cuanto vio lo que había en la pantalla, sus ojos se abrieron de par en par, sorprendido.
Su agarre se aflojó y el teléfono se le resbaló de las manos, golpeando el suelo con un fuerte estruendo.
Presa del pánico, se apresuró a recogerlo. Se frotó los ojos y volvió a mirar la pantalla, solo para asegurarse de que no estaba viendo cosas raras.
No podía ser real.
Era la cuenta de Nimbus.
¿Cómo había conseguido Fernanda acceder a ella?
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Kevin la miró en silencio, atónito. Durante un largo momento, ni siquiera pudo encontrar las palabras. Pero entonces, como si las sacara a la fuerza, finalmente preguntó: «¿Estás diciendo que… tú eres…?»
«Así es», interrumpió Fernanda con un gesto de asentimiento. Su voz era firme, sin dejar lugar a dudas. «Soy Nimbus. Soy con quien has estado hablando en el juego».
Kevin se quedó boquiabierto.
Una avalancha de pensamientos se agolparon en su mente, chocando entre sí. Por un momento, no pudo procesar nada.
Kevin no sabía si sentirse avergonzado, conmocionado o extrañamente feliz. Su rostro reflejaba una sucesión de emociones, ninguna de las cuales se mantenía por mucho tiempo.
Miró el teléfono y luego volvió a mirar a Fernanda. Tras una larga pausa, finalmente preguntó: «¿Así que todo este tiempo eras tú quien jugaba y hablaba conmigo?».
«Así es», respondió ella sin dudar.
Kevin sintió como si le hubieran quitado el suelo bajo los pies.
Con Nimbus, siempre había sido juguetón, la colmaba de elogios, actuaba de forma infantil y se comportaba como un fanático entusiasta. Pero con Fernanda… Había sido todo lo contrario. Frío, distante, siempre sereno. Apenas le había dirigido la palabra, controlando sus emociones como si nada pudiera perturbarlo.
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