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Capítulo 963:
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Entonces se dio cuenta de que sus defectos habían eclipsado desde hacía tiempo cualquier cosa buena que quedara en él. El peso de sus fracasos había aplastado cualquier rastro de admiración que ella había sentido por él. No quedaba nada a lo que aferrarse.
Michelle se apartó un mechón de pelo de la oreja con un gesto pausado. La tormenta que se había desatado en su interior había pasado. Su decisión era clara y su voz firme.
«Robert, vamos a divorciarnos».
Cuando Erika escuchó la decisión de Michelle de divorciarse de Robert, abrió la puerta de un empujón y se arrojó a los brazos de Michelle, con la respiración entrecortada. «¡Mamá, no! No lo hagas. ¡Por favor, no te divorcies de papá!».
¿Por qué estaba pasando esto? ¿Cómo se había desmoronado todo tan rápido?
La casa en la que había crecido ahora le estaba prohibida. Ni siquiera podía ir al colegio. Selma se había ido. Sus padres se peleaban como si fuera algo habitual. Y ahora, el divorcio. ¿Por qué tenía que llegar a esto?
Michelle había jurado que no lloraría, pero ver a su hija destrozada rompió esa promesa. Las lágrimas brotaron antes de que pudiera detenerlas.
«No puedo hacer nada. ¡Mira el desastre que ha montado tu padre!». Robert siempre había estado obsesionado con su reputación, especialmente delante de la familia.
Ahora, al darse cuenta de que Michelle había oído su arrebato, su ira ardió aún más.
¿Divorcio? Si alguien iba a sacar ese tema, sería él. ¿Cómo se atrevía ella a sugerirlo?
—¿Quieres el divorcio? ¡Bien! ¡Acabemos de una vez! ¡Iremos al juzgado! Robert tenía los ojos inyectados en sangre mientras agarraba a Michelle por el brazo y la arrastraba hacia la puerta.
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Erika lloraba, suplicándole a Robert que se detuviera, pero él la empujó a un lado. Ella chocó contra el mueble de la televisión, y el ruido sordo resonó en toda la habitación, mientras el dolor se reflejaba en su rostro.
Michelle corrió hacia su hija, habiendo llegado al límite.
—¡Está bien, vámonos! ¡Ya no te soporto más!
¿Cómo podía lastimar a su propia hija? ¡Era increíble!
Erika intentó detenerlos, pero el dolor era insoportable. Solo pudo mirar impotente cómo Robert y Michelle cerraban la puerta de un portazo.
Fernanda se enteró de la noticia de su divorcio poco después.
Estaba en su dormitorio, estudiando para los exámenes finales, cuando Leon la llamó para informarle de lo que estaba pasando con Robert y Michelle, y se quedó un poco sorprendida.
Siempre había sabido que su relación estaba condenada al fracaso, pero no esperaba que se rompiera tan rápido.
Su divorcio no sería fácil, especialmente en lo que se refería a la división de sus bienes.
Robert no le daría mucho a Michelle. Se pelearían por cada centavo. Fernanda no tenía que hacer nada más que sentarse y ver cómo se destrozaban el uno al otro.
—Por cierto, Leon —dijo Fernanda con voz casual—, ¿puedes prepararme algo? Encuentra a alguien de unos treinta años, alguien atractivo y comprensivo.
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