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Capítulo 945:
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Michelle no sabía qué responder.
Sus pensamientos se remontaron al pasado: recordaba cómo Kevin solía mostrarse abiertamente hostil hacia Fernanda. ¿Cuándo se había convertido esa animadversión en algo completamente diferente?
Michelle dudó antes de preguntar: «Cariño, creía que hoy ibas a visitar la nueva empresa. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué has vuelto ya?».
Robert no se atrevía a admitir lo que realmente había sucedido. El recuerdo de haber sido rechazado en la puerta era demasiado humillante. «No había mucho que ver», dijo secamente. «Solo fui a echar un vistazo y decidí marcharme».
El rostro de Michelle se iluminó con curiosidad. «¿Y bien? ¿Qué tal? ¿Cómo es la empresa? ¿Es tan grande como dicen?».
Robert rechazó su entusiasmo con un gesto indiferente. —Es impresionante, sin duda. Tiene mucho potencial. —Luego, suavizando el tono, añadió—: ¿No se acerca nuestro aniversario? Cuando haya tomado posesión oficialmente, por fin te compraré ese collar de zafiros del que llevas meses hablando.
Al oír esto, la expresión de Michelle se iluminó como el sol rompiendo entre las nubes.
Se echó los brazos al cuello de Robert y exclamó: «¡Oh, cariño! ¡Eres el mejor! Siempre sabes cómo hacerme feliz».
Llevaba meses deseando ese collar, pero Robert siempre la había rechazado, alegando que no era el momento adecuado para gastar tanto.
Ahora, la idea de tenerlo por fin la llenaba de alegría.
Mientras Michelle colmaba a Robert de elogios, su enfado anterior comenzó a desvanecerse. Las palabras cariñosas de ella reforzaron su confianza y pronto sintió como si la humillación en la puerta de la empresa nunca hubiera ocurrido. En su mente, ya era el legítimo propietario de todo.
Animada por este estado de ánimo, Michelle compartió con entusiasmo la noticia con Erika más tarde ese mismo día. Erika, al oírlo, no perdió tiempo en acercarse a Robert para conseguir su propia recompensa.
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Sin pensarlo mucho, Robert le entregó su tarjeta de crédito y le dejó comprar lo que quisiera.
La fortuna de la familia Morgan parecía destinada a alcanzar nuevas cotas con sus recientes inversiones. Robert se sentía invencible y su generosidad reflejaba esa confianza.
Erika no lo dudó. Cogió la tarjeta y llamó inmediatamente a sus amigas para organizar una tarde de compras que duró toda la tarde.
Cuando finalmente regresó a casa esa noche, el chófer de la familia la seguía con dificultad, cargado con una montaña de bolsas de compras. Erika había casi agotado la tarjeta de Robert, pero no le importaba. Su radiante sonrisa lo decía todo sobre su satisfacción.
Mientras tanto, Michelle pasó el día esperando noticias de Fernanda o Fulton. Al no recibir ninguna, supuso que todo había salido bien.
Si era así, Fernanda debía de haber caído en la trampa según lo previsto. Tanto si la aventura con Fulton se hacía pública como si no, su reputación quedaría irremediablemente dañada. Michelle se permitió saborear ese pensamiento durante un momento.
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