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Capítulo 916:
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Sloane, que solía ser el alma de la fiesta, no tenía nada que decir. El peso de la historia no dejaba lugar a palabras fáciles. Se dio cuenta de que la relación de Wendy con Bobby era complicada; estaba demasiado enredada como para poder desenredarla.
Fernanda también lo sintió. El amor de Bobby y Wendy conllevaba demasiado dolor, demasiada historia. ¿Cómo podrían seguir adelante con un pasado tan pesado?
Cuando salieron de la cafetería, nevaba con fuerza, cubriendo las calles de blanco. Bobby bajó la ventanilla y les hizo señas para que se acercaran. Al acercarse, vieron colillas de cigarrillos esparcidas fuera del lado del conductor.
—Mi padre quiere que te lleve a casa, Fernanda —dijo Bobby, con un tono más serio de lo habitual—. Vamos a cenar a mi casa y Cristian también estará allí.
Fernanda asintió levemente. —Está bien.
Bobby sorbió por la nariz e inclinó la cabeza hacia el coche. —Vamos. La nieve está empeorando.
Fernanda miró a Wendy, que dijo: —Id vosotros. Tengo que terminar mi informe. La inspección es después de Año Nuevo y hay que entregarlo el mes que viene. Fernanda asintió. Wendy se dio la vuelta y se alejó sin mirar a Bobby.
Sloane la siguió rápidamente, enganchándose del brazo de Wendy. Wendy liberó su brazo y lo colocó sobre los hombros de Sloane, acercándola hacia sí. Su otra mano permaneció metida en el bolsillo del abrigo, con una postura informal y serena.
Fernanda se sentó en el asiento del copiloto, pero Bobby no arrancó el coche inmediatamente. Esperó a que Wendy desapareciera de la vista, luego giró la llave y se puso en marcha. Mientras conducía, encendió otro cigarrillo.
Después de dar una calada profunda, preguntó: —Wendy te lo ha contado todo, ¿verdad?
—Sí —asintió Fernanda.
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Bobby esbozó una breve sonrisa y volvió a quedarse en silencio. Normalmente era muy hablador con ella, pero ahora su silencio se hacía denso, casi incómodo. En un semáforo en rojo, Bobby dio un puñetazo al volante y murmuró: «
Maldita sea».
Fernanda lo miró.
—Sé que Wendy está atrapada en el pasado, así que nunca saco el tema —dijo Bobby—. Si no podemos arreglarlo, lo evitamos. Pero hoy, esa maldita mujer tenía que aparecer y agitarlo todo. ¿Qué clase de madre le hace eso a su propia hija? —Bobby apretó la mandíbula, con evidente frustración.
Fernanda comprendía la gravedad de la situación. La relación entre Bobby y Wendy había mejorado, pero los acontecimientos de ese día amenazaban con echar por tierra todo el progreso que habían logrado. ¿Cómo podría Bobby superar la desaprobación de su familia?
Con la calefacción a toda potencia en el coche, Bobby bajó la ventanilla, dejando entrar el aire frío y los copos de nieve, con la esperanza de que el frío le ayudara a aclarar sus ideas. Tras una larga pausa, finalmente habló.
—Mis sentimientos no han cambiado.
—¿Siempre la has amado? —preguntó Fernanda, con voz cautelosa.
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