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Capítulo 878:
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Felipa acarició suavemente la mano de Jade, pero permaneció en silencio.
Jade se puso nerviosa. «¡Mamá, tienes que decir algo! ¡Es la única herencia de la abuela y tienes derecho a ella!».
Toby no era codicioso. Tenía una relación muy buena con sus hermanos y no quería quedarse con la herencia de su madre.
«La casa era de mamá, así que yo me quedaré con las llaves por ahora», dijo Toby con calma.
«Centrémonos primero en organizar el funeral. Ya decidiremos más adelante si vendemos la casa. Los beneficios futuros de la venta se repartirán a partes iguales entre los cuatro hijos de mamá. Es justo, ¿no?».
Jade intervino: «Tío, te equivocas. Solo sois tú, mi madre y la tía Sarai».
«Oye, te olvidas de la tía Gracie», le recordó Felipa a su hija.
—¿Tía Gracie? Pero si está muerta —se burló Jade, poniendo los ojos en blanco—. Y fue la causante de tantos problemas en nuestra familia. ¿Por qué debería recibir nada?
—¡Jade! —la regañó Felipa con severidad—. ¡Cuida tus palabras!
A continuación, Felipa le dirigió una sonrisa de disculpa a Fernanda. —No le hagas caso, Fernanda. Jade no lo dice en serio.
Toby miró a Jade con severidad y continuó: —Gracie ya no está, pero Fernanda está aquí en su lugar. Ambas son miembros de la familia Cooper, así que la propiedad debe compartirse con ellas también.
Jade, que normalmente se sentía intimidada por su digno tío, ahora se sentía envalentonada por la perspectiva del dinero.
La indemnización por la demolición podía variar enormemente, llegando a ascender a cientos de miles. Era una suma que sus padres tardarían años en ganar. «¿Por qué debería…
Fernanda se quedó quieta, con el corazón acelerado, pero su rostro permaneció tranquilo a pesar del agudo pinchazo de las palabras de Jade y la fuerza de su empujón. No esperaba tanta hostilidad, pero se negó a dejarse intimidar.
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Toby, con la mano aún levantada por la bofetada, miró a Jade con incredulidad y decepción. —¡Basta, Jade! —ordenó con voz severa, pero llena de una ira silenciosa—. Este sinsentido se acaba ahora mismo.
Jade, con el rostro enrojecido por la bofetada y las lágrimas, se quedó allí un momento, respirando con dificultad. Miró a Fernanda con una mezcla de furia y resentimiento, pero el fuego de sus ojos comenzó a apagarse lentamente.
Toby se volvió hacia Fernanda, su expresión suavizándose. —Lo siento. Las palabras de Jade no reflejan lo que siente el resto de la familia. Solo está enfadada y no sabe cómo expresarlo.
Fernanda asintió con la cabeza, sin apartar los ojos del rostro lloroso de Jade. —Lo entiendo —dijo en voz baja.
«No quiero causar más problemas. Solo quiero estar aquí para mi familia».
La tensión en la habitación era palpable, pero Fernanda podía sentir el peso de la historia familiar sobre ella. Nunca había sabido mucho sobre la familia de su madre y ahora, ante esta repentina hostilidad, no sabía cómo manejar la situación.
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