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Capítulo 853:
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Aunque tenía mucha experiencia en muchos aspectos, se encontraba en territorio desconocido.
¿Cómo debía responder?
Aceptar parecía demasiado atrevido. Rechazar parecía demasiado recatado.
Parecía que se enfrentaba a la pregunta más difícil de su vida.
Cristian le dio tiempo, observándola con una mirada tranquila y expectante, dejándole decidir.
Su moderación era evidente; el sudor comenzó a brotar en su frente, resbalando por su mandíbula cincelada, cruzando su pronunciada nuez y desapareciendo en su cuello.
Su abrumador atractivo hizo que Fernanda se le hiciera un nudo en la garganta.
Al notar su nerviosismo, la sonrisa de Cristian se amplió.
Su aspecto llamativo y su sonrisa pícara, cargada de encanto diabólico, aceleraron aún más los latidos de su corazón.
Fernanda cerró los ojos y soltó: «Si realmente quieres, ¡adelante! ¿Por qué lo preguntas?».
¿Era habitual hacer una pregunta formal en situaciones así?
¿Era necesario un acuerdo por escrito primero?
Cristian volvió a besarla suavemente en los labios y murmuró: «No quiero presionarte. Tus deseos son importantes para mí».
Fernanda había pensado a menudo que los hombres se dejaban llevar por sus deseos en esos momentos.
Sin embargo, al observar a Cristian, era evidente que estaba haciendo un esfuerzo considerable por contenerse, esperando pacientemente su consentimiento.
Su respeto por ella era genuino.
De repente, el corazón de Fernanda se llenó de calor y levantó los brazos para rodearle el cuello, atrayéndolo hacia sí.
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«No me importa», susurró ella. «Pero recuerda que aún no estás completamente curado». Su susurro fue tierno y le provocó un escalofrío. Una ola de cosquilleo se extendió desde su cabeza hasta la columna vertebral, abrumando sus sentidos.
Cada caricia de ella parecía burlarse y seducirlo.
Cristian apretó la mandíbula. «¿Estas heridas leves? Me estás subestimando». A continuación, se dispuso a demostrar su resistencia.
Su excepcional resistencia no era ninguna sorpresa, dado su pasado militar.
Cristian fue muy cuidadoso con Fernanda durante su primer encuentro.
De lo contrario, ella estaba segura de que la experiencia habría sido demasiado intensa.
Más tarde, echó un vistazo al reloj; ya había anochecido.
Cristian los cubrió con una manta, envolviéndolos en un abrazo íntimo y acogedor.
Fernanda acurrucó la cara en su pecho, con expresión tímida.
A pesar de su habitual audacia, sentía un ligero rubor ante su primera experiencia sexual.
Rompiendo el silencio, Cristian habló en tono relajado y satisfecho. «¿Tienes hambre? ¿Calentamos la cena?».
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