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Capítulo 838:
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Fernanda respondió con sorpresa: «¿No habló durante seis meses?».
«Solo el día que se marchó habló por fin».
Décadas más tarde, Haley aún recordaba vívidamente el día en que enviaron a Cristian lejos. Era un día de invierno muy frío, el aire estaba lleno de nieve. Cristian, de diez años, estaba solo en la nieve, con ropa inadecuada y expresión estoica. Nadie más vino a despedirse, solo Haley. Ella extendió la mano para tocarle la cabeza, pero él se echó hacia atrás, con evidente repugnancia. Ella retiró la mano y lo tranquilizó con suavidad. «Cristian, el señor Bernard te cuidará. Sé valiente. Iré a buscarte cuando pueda».
Cristian no mostró ninguna reacción a sus palabras. Su mirada estaba fija, sin emoción, en la opulenta mansión de los Reed que se alzaba ante él. Tras meses de silencio, finalmente pronunció sus primeras palabras: «Algún día me vengaré de todos ellos».
El tono con el que pronunció esas palabras era frío y amenazador, y aún hoy, cuando Haley las recordaba, le provocaban escalofríos.
Haley se quedó en silencio al sentir la mirada de Fernanda sobre ella. —Lo siento. Creo que he hablado demasiado —dijo con una sonrisa de disculpa. En ese momento, decidió no contarle a Fernanda lo que había dicho Cristian, para no asustarla.
Haley había sido la única que había oído aquellas palabras de Cristian. Nadie más en la familia Reed lo sabía. No eran conscientes del profundo odio que Cristian había sentido hacia ellos cuando abandonó la familia Reed. Incluso ahora, seguían indiferentes ante su regreso. Solo Haley vivía con el temor de que Cristian cumpliera su promesa de venganza. Estaba aún más asustada, ya que él parecía haberse vuelto más despiadado.
Entonces se dio cuenta del punto débil que Cristian tenía por Fernanda. Una idea comenzó a formarse en su corazón: tal vez Fernanda podría cambiarlo. Haley quería que él viviera una vida sin el peso del odio. No quería que arruinara su futuro obsesionándose constantemente con el pasado.
Por eso apreciaba a Fernanda. No se oponía a su relación porque creía que muy pocas personas podían llegar a Cristian.
—¿Qué pasó después? ¿A dónde enviaste a Cristian? —preguntó Fernanda. Necesitaba saberlo todo sobre Cristian, comprender las penurias que había soportado durante sus años oscuros.
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—Lo envié a Zhota. Es un pueblo pequeño, la ciudad natal de un amigo mío. Le pedí a mi amigo que lo acompañara y lo cuidara —explicó Haley.
Fernanda se quedó estupefacta ante esta revelación.
Sin embargo, rápidamente recuperó la compostura. Recordó la primera vez que conoció a Cristian. La había llevado a cenar a un restaurante de cocina zhota en Esaham. Le había comentado que había vivido en Zhota durante unos años cuando era niño y que prefería considerarla su ciudad natal en lugar de Esaham.
Haley continuó: «Mi amigo y Cristian acabaron instalándose en un pequeño pueblo llamado Greenwillow, en Zhota».
De repente, Fernanda se incorporó bruscamente en su silla, sobresaltando a Haley.
«¿Qué pasa?», preguntó Haley, con evidente confusión en su rostro. Fernanda apretó con fuerza los reposabrazos de la silla y pareció que se le cerraba la garganta.
Greenwillow era donde ella había vivido con Hiram.
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