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Capítulo 785:
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Afuera, dos figuras esperaban: una mujer madura y serena y un hombre más joven que parecía un friki de la tecnología.
—Te presento a Rosita Nelson, nuestra redactora jefe, y a Hamilton Clifford, de relaciones públicas —dijo Fernanda con brusquedad. Neal les estrechó la mano a ambos.
—Te llevarán de vuelta a tu ciudad natal para hacerte algunas entrevistas —continuó Fernanda—. Tenemos que volver a repasar lo que pasó con tu familia. Una vez que se publiquen las entrevistas, podremos controlar la narrativa y minimizar el daño causado por este lío.
Neal dudó.
«El pasado no se puede cambiar. Nada es demasiado grande para ti». Fernanda miró a Neal. «Esas cosas solo se pueden resolver de verdad cuando eres capaz de narrar tus propias experiencias del pasado. Tienes que superar este obstáculo por ti mismo, Neal. Tienes que luchar esta batalla. Nadie más puede ayudarte».
«Lo sé». Neal tragó saliva y su nuez se movió. «Está bien, lo haré».
La idea de enfrentarse a su oscuro pasado le revolvió el estómago, pero se lo debía a sí mismo, y a Bonita, dejar de huir y afrontar sus demonios.
Era hora de dejar de estar atormentado.
Era hora de madurar.
Bonita se despertó en una habitación vacía, y la ausencia de Neal le hizo preguntarse por un momento si lo de ayer no había sido más que un sueño fugaz provocado por el cansancio.
—Estás despierta. ¿Cómo te sientes?
Bonita se volvió hacia la voz y encontró a Fernanda de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados y una postura que denotaba una confianza natural.
—Estoy… Fernanda… ¿Cuándo has llegado?
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—Hace dos horas.
Bonita dudó antes de volver a hablar. —Entonces… cuando llegaste, ¿había alguien más aquí?
Fernanda se rió entre dientes, con un tono de tranquila diversión. —Neal todavía estaba aquí cuando llegué, pero lo envié a ocuparse de algunas cosas. No te preocupes, no se ha esfumado, y lo de ayer no fue un sueño.
Al darse cuenta de lo transparentes que eran sus pensamientos, Bonita se sonrojó avergonzada.
Fernanda cogió un termo, sirvió unas gachas calientes y se las entregó a Bonita. Unos instantes después, la enfermera entró para realizar un chequeo rutinario.
Tras un examen minucioso, la enfermera confirmó que el estado de Bonita no era grave. Solo necesitaba descansar en casa y volver al día siguiente para continuar con el tratamiento.
Fernanda acompañó a Bonita de vuelta al dormitorio de la escuela.
Dado su estado actual, era imposible que pudiera trabajar. Bonita informó inmediatamente a su superior sobre el accidente y le envió una copia del informe del hospital. El departamento de recursos humanos le aseguró que tramearían su baja y le liquidarían su salario, y le instaron a que se centrara en su recuperación.
Bonita siempre había sido muy diligente y nunca había permitido que el título de «becaria» justificara un enfoque poco entusiasta de sus responsabilidades. Se esforzaba de verdad en cada tarea, ganándose el respeto de su jefe de departamento. Antes de terminar la llamada, este le expresó su deseo de que sus caminos se volvieran a cruzar en el futuro.
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